No se me había olvidado contaros el último tramo de nuestro maravilloso crucero por el mar Báltico, en absoluto. Estaba esperando el momento perfecto en el que la sensación tan maravillosa que tuve en nuestra última escala se volviera a producir. Y ya hace días que me pasa, que disfruto enormemente del frío, del hielo, de la lluvia y sobre todo, de que se haga de noche a las seis de la tarde. ¿Os imagináis eso aumentado brutalmente? Pues así es Finlandia, el país en el que me quiero jubilar.
SÉPTIMO DÍA DE NAVEGACIÓN: HELSINKI (FINLANDIA)
El último día de crucero hay que cumplir a rajatabla con el protocolo del barco. Dejar todo el equipaje en la puerta del camarote la anoche anterior te obliga a organizarte el equipaje de mano perfectamente para no echar nada en falta durante el último día. Afortunadamente mi marido se ha convertido en un experto organizador de equipajes, sobre todo si son de ropa sucia, y yo pude descansar convenientemente para afrontar nuestra última jornada con todas mis fuerzas.
Llegamos a Helsinki por la mañana. No teníamos ninguna excursión contratada y sí la idea de visitar la ciudad por libre puesto que en plano, parecía accesible y fácil. La primera prueba de que habíamos acertado plenamente la tuvimos cuando cogimos al autobús urbano que nos llevó desde el puerto al centro, unos diez minutos de trayecto. El conductor no sólo no tuvo ningún inconveniente en avisarnos de cuál era nuestra parada, sino que además, dejó su puesto al volante para indicarnos con toda claridad dónde debíamos coger el bus de vuelta, la frecuencia de paso y por supuesto desearnos un buen día. Fue tan amable que consiguió que nuestro ánimo, ya de por si bueno, se pusiera por las nubes porque cuando te tratan así de bien en la primera ocasión, te convences de que todo va a ser igual de estupendo. Y así fue.
Nuestra primera parada fue junto a la fuente de bronce Havis Amanda, en la confluencia del Paseo Esplanadi con la Plaza del Mercado, Kauppatori, donde vimos puestecitos de artesanía, recuerdos y pescado, ya que está al borde mismo del mar y algunos de los pescadores venden su mercancía desde la misma embarcación.

Con el clima finlandés, un mercadillo al aire libre no es precisamente la opción más cómoda de visitar, pero no hay problema, justo al lado en Eteläranta, está el precioso Mercado Viejo, con todos sus puestos de madera tallada donde se podían degustar todas las especialidades de la cocina finesa, pan, carne de reno y por encima de todo, el salmón ahumado más delicioso y jugoso que he probado en mi vida.

Seguimos nuestro paseo hacia la plaza del Senado, Senaatintori, donde se encuentran algunos de los edificios más emblemáticos de Helsinki, la Biblioteca Nacional, la Universidad o la casa Sederholm, el edificio de piedra más antiguo de la ciudad.

Pero lo que más llama la atención y desde luego la imagen emblemática de Helsinki es la Catedral luterana, Tuomiokirkko, que se encuentra situada encima de unas enormes escalinatas que obviamente subimos a lo Rocky Balboa.

De allí nos dirigimos a dar un paseo por el centro comercial de esta capital que no tiene nada que envidiar a cualquier otra del resto de Europa, con mención especial al clima, ideal para mí un 28 de agosto.

Pasamos por la preciosa Estación Central, vimos un espectáculo que ofrecía la policía local, el centro comercial Kamppi, el edificio Lasipalatsi, la iglesia de Temppeliaukio, excavada en la roca, el Parlamento finlandés, el teatro Svenska... Todo ello dando un agradable paseo que nos sorprendía continuamente con distintas muestras de arte urbano, con unas calles limpias y acogedoras y sobre todo con una luz que me enamoró totalmente.

Y terminamos nuestro paseo recorriendo el paseo Esplanadi con la catedral ortodoxa Uspenski al fondo y llegando sin problema a la parada del autobús, al que pudimos subir ¡sin pagar! porque el conductor fue también de lo más simpático.
Así terminaron nuestras vacaciones en familia del 2010. No sé dónde iremos en el 2011 porque no hay forma de organizar un intercambio de casa en condiciones con Irlanda. Si conocéis alguna familia irlandesa que le apetezca venir a pasar dos semanas a la Costa del Sol, avisadme.
Si queréis ver el resto de las fotos de nuestra visita a Helsinki, las tenéis
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