
Siempre que empiezo la segunda novela de algún autor cuya primera obra me gustó mucho lo hago con miedo. Con miedo a la decepción, a que el autor no sepa mantener el nivel y baje el listón. A que no me entretenga como la primera vez o a que me defraude la nueva historia. Para nada, si La Catedral del Mar me gustó, La Mano de Fátima de Ildefonso Falcones me ha encantado y me ha tenido atrapada desde la primera hasta la última de sus casi mil páginas. Así da gusto reseñar un libro.
Falcones nos cuenta la vida de Hernando, un musulmán en la España de Felipe II cuando tuvieron lugar los episodios xenofóbicos más vergonzosos de la historia de nuestro país. Bueno, igual no fueron los más vergonzosos, sino desgraciadamente, igual de vergonzosos que otros muchos más de los que figuran en nuestros anales.
Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos, los musulmanes consiguieron mantener sus condiciones de vida casi intactas. Las capitulaciones incluían que podrían seguir manteniendo sus costumbres, religión, idioma y propiedades, sobre todo porque eran imprescindibles para el progreso de la ciudad y la zona. Sin embargo, la Iglesia no podía tolerar esa situación y en menos de diez años impuso la cristianización forzosa y la segregación entre cristianos viejos y cristianos nuevos, conversos a la fuerza. Los derechos de los antiguos musulmanes fueron totalmente eliminados y se convirtieron en los parias de la sociedad, maltratados y vilipendiados siempre.
La situación era tan terrible que la sublevación no se hizo esperar y los moriscos se levantaron en las Alpujarras granadinas. Los desmanes tanto de moros como de cristianos fueron crueles en exceso: vejaciones, violaciones, amputaciones, matanzas de poblaciones enteras y por supuesto expropiación de todos los bienes de los musulmanes y esclavitud. Aquí empieza nuestra historia, con un protagonista hijo bastardo de una musulmana y un cura violador, que por su sangre cristiana es rechazado por sus congéneres que le llaman desde que nació, el Nazareno.
El Nazareno vive de lleno la sublevación y al finalizar ésta es deportado junto a su familia a Córdoba, allí empieza su vida de adulto y su lucha por intentar que ambas religiones lleguen algún día a convivir en paz. En esa lucha sufre todas las miserias y calamidades que os podáis imaginar pero nunca deja de esforzarse ni se permite hundirse ante las muchas adversidades que la vida, aderezada con las especiales circunstancias de pertenecer a la raza perdedora, le depara.
Tengo que hacer especial mención a la minuciosidad con la que el autor nos relata cada uno de los distintos aspectos de la vida de la época. Las celebraciones religiosas cristianas, en las que se pasaba lista y se preguntaba uno por uno a los cristianos nuevos si habían cumplido con sus obligaciones pías. Los ritos musulmanes que tenían que ser realizados en la clandestinidad y el secreto porque estaban castigados con la muerte por la Santa Inquisición. Las terribles matanzas y vejaciones sufridas en los dos bandos. Las batallas, las escasas celebraciones… Todo ello descrito con rigor histórico que demuestra la exhaustiva documentación que el autor ha llevado a cabo.
Esta documentación alcanza también a la descripción de la vida cotidiana y de los oficios. Nuestro protagonista se convierte en un excelente cuidador y criador de caballos en las Cuadras Reales, tras haberse curtido como arriero de mulas en la sierra y en la guerra. También aprende las artes de la curtiduría, de la plomería, los usos de las hierbas medicinales. Se convierte en un experto traductor del Corán y en un avezado calígrafo. Todas estas virtudes no hacen sino reforzar el carisma de un hombre sumamente castigado por la mala fortuna de su concepción.
Y para terminar sólo me queda explicaros porque el libro se titula así, y ahí es donde entra de lleno la gran historia de amor que es el tronco central de toda la trama de la novela. Hernando salva a Fátima de una muerte segura a manos de los soldados cristianos y a partir de ese momento quedan unidos sentimentalmente para siempre, aunque las circunstancias y las desgracias no dejan jamás de separarlos y de someter su amor a pruebas tan duras e injustas como la propia vida de los musulmanes en esa terrible época que terminó con su expulsión definitiva de la Península.
Os lo recomiendo sin duda.