
Cuatro artistas procedentes de una agrupación anterior, I Musicisti, disuelta por diversos problemas, dieron vida a Les Luthiers que nacieron como yo, hace 42 años en 1967. Gerardo Masana (1937-1973), arquitecto, guitarrista, cantante y compositor; Marcos Mundstock, actor, locutor, creativo publicitario y humorista; Jorge Maronna, compositor, guitarrista y humorista y mi favorito, Daniel Rabinovich, notario, guitarrista, percusionista, cantante y actor.
Actualmente, también forman parte de Les Luthiers Carlos López Puccio, licenciado en dirección orquestal y director del Estudio Coral de Buenos Aires y del Coro Polifónico Nacional así como Carlos Núñez Cortés, químico, pianista, compositor y arreglador.
Desde sus principios hasta ahora, han presentado ante un público devoto, entusiasta y absolutamente fiel la friolera de 30 espectáculos musicales y casi 180 obras de creación propia. Sus espectáculos tienen siempre la misma estructura, distintas obras musicales cómicas unidas para dar forma al hilo argumental que suele presentar Marcos Mundstock con su maravillosa voz radiofónica.
El humor y la complicidad con el público están siempre presentes así como los instrumentos de elaboración propia y los extractos de la turbulenta biografía de su personaje estrella, Johan Sebastian Mastropiero, cuyo nombre surge de la combinación de Johann Sebastian Bach con el apellido de un personaje de Mundstock, Freddy Mastropiero.
Les Luthiers tienen también su propio luthier o fabricante de instrumentos, Hugo Domínguez, quien fabricó la desafinaducha, el nomeolbídet y el alambique encantador. Y que sustituyó al primer luthier fallecido en 1995, Carlos Iraldi.
Los anteriormente mencionados son sólo algunos de los múltiples ejemplos de instrumentos creados por estos artistas y podéis ver una lista completa de ellos con imágenes
aquí así podréis entender que mis predilectos sean el
lirodoro y el
omni. Obviamente todos suenan bien y son magistralmente ejecutados en escena y en directo.
Tantos años en la palestra y una cantidad inconmensurable de talentos reunidos les ha granjeado una multitud de seguidores entre los que nos encontramos mi marido y yo. Anoche pudimos disfrutar de su espectáculo Los Premios Mastropiero en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, de milagro. Y digo de milagro, porque estábamos convencidos de que era en el palacio de congresos de La Castellana y allí que nos plantamos. Gracias a que íbamos con tiempo y a que no tuvimos ni atascos ni problemas de aparcamiento pudimos llegar al Campo de las Naciones sin sufrir ni ansiedad ni colapso nervioso. Os comento esto porque ayer me di cuenta de que había alcanzado la madurez completa; hace poco tiempo me habría dado un ataque de histeria profunda y mi pobre costillo habría sufrido las terribles consecuencias derivadas de ello. Me siento muy orgullosa de mi misma y de mis nuevos nervios de acero.
Era mi tercera vez y podría haber sido perfecta si no hubiera estado oyendo las carcajadas de mi vecino de asiento continuamente. La primera vez fue en el teatro Lope de Vega de Sevilla, pero lamentablemente no recuerdo si en 1989 o 1991, más o menos veinte años y en aquella ocasión sí que fui yo la que más alto se rió de todo el teatro, incluso alguna de mis carcajadas fue celebrada desde el escenario. Son muy majos.
La segunda vez fue en Madrid en 1999, esta vez en el Palacio de Congresos de La Castellana con el espectáculo Bromato de Armonio. También terminé con un intenso dolor mandibular de lo que me reí y de aguantar la tensión porque llegamos tarde y a pesar de eso nos dejaron pasar y molestar a todos los que habían llegado a tiempo al sentarnos. Debe ser costumbre en sus espectáculos porque ayer también dejaron pasar a los que se retrasaron, así que me distraje y me perdí uno de los chistes. Sé que hubo un chiste porque mi vecino de asiento soltó una de sus carcajadas.
Me están entrando unas terribles ganas de contar cosas concretas de Los Premios Mastropiero, pero no quiero perder a ningún amigo por una entrada de blog así que no voy a revelar nada de nada y ni siquiera voy a decir si me gustó o no porque he sabido sobreponer a los mezquinos intereses partidistas mis supremos intereses personales. O no.