martes, 29 de septiembre de 2009

Mis niñas

Ya os conté en otra ocasión que lo que más me gusta bordar a punto de cruz son letras, aunque se me olvidó mencionar que llevo casi cuatro años embarcada en el proyecto de terminar un abecedario floral gigante que prometo mostraros en cuanto termine.
En cualquier caso, para no acabar totalmente harta de él, voy haciendo otras labores más asequibles por el tamaño y que os voy enseñando con cuentagotas, a pesar de que la mayoría de ellas lleva años terminada.
Es el caso de los preciosos cojines que bordé para mis sobrinas Paula y Lucía.




Si os fijáis bien podréis comprobar que el diseño de los osos es casi el mismo y que sólo cambian los colores elegidos.



Aunque no hay ninguna duda de que ellas son mucho más preciosas.



LUCÍA


PAULA

sábado, 26 de septiembre de 2009

Antes y después

Hace algo más de dieciocho años tenía cita en la peluquería de una amiga para ponerme las uñas de porcelana. En aquel momento eran una gran innovación estética y todo el mundo estaba como loco por llevar unas manos perfectas. Mi boda iba tener lugar a la semana siguiente y no habían tenido que insistirme mucho para que me decidiera a hacerme una manicura profesional por primera vez en mi vida.
Yo me he mordido las uñas desde que nací, según dice mi madre ni siquiera tenía dientes y ya me llevaba los deditos a la boca con intenciones alimenticias, porque además casi siempre me las he tragado tras triturarlas y masticarlas minuciosamente. Así que mis dedos carecían de forma estilizada y la poca uña que me asomaba, si conseguía sobrevivir a mi voracidad, era débil y quebradiza hasta que se enganchaba en cualquier cosita y acababa por desaparecer.
Sin embargo, en el último momento, mientras la peluquera y yo nos fumábamos un cigarro antes de empezar, decidí repentinamente que no quería ser otra para la boda, que nunca había tenido uñas y que me iba a casar con las manos tal y como estaban.

Así:




No me arrepentí de esa decisión, tengo unas manos pequeñitas que no llaman excesivamente la atención y he disfrutado cuarenta y dos años del placer de morderme las uñas y de la libertad de no tener que hacerme la manicura con asiduidad. Pero este verano he visto las manos de mi amiga Igna con unas preciosas uñas que siempre había pensado que eran suyas y que resultaron ser acrílicas, como las que dejé de ponerme antes de la boda. A mi marido también le encantaron y eso me ha hecho volver a cambiar de opinión, que dicen que es de sabios.
Y aquí tenéis el resultado.





Me habían advertido tanto sobre el proceso de adaptación y sobre la inconveniencia de llevarlas demasiado largas que me ha pasado como cuando te hablan muy bien o muy mal de una película, no coincido para nada con las ideas de los consejeros. Sólo las extrañé el primer día y no me han molestado especialmente para teclear, coser o cocinar. No puedo tender la ropa porque no me apaño con las pinzas, ni cargar con el cubo de la ropa porque se me enganchan en el borde, así que he decidido quitar el bidé del baño de los niños, instalar allí la lavadora y comprar una secadora. Aunque no estoy muy segura de que esto también le vaya a encantar a mi marido.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Lasaña exprés

Foto por cortesía de mi amiga Canta

Por supuesto que la lasaña en el horno está igual de rica, pero la ventaja de hacerla en la chefito es que sólo tienes que dedicarle cinco minutos de tu tiempo, lo que tardas en poner los ingredientes dentro de la cubeta, lo demás lo hace todo solita la máquina. Yo la suelo programar para cenar mientras hacemos la comida y así tengo la tarde libre y despreocupada para irme a la biblioteca.

INGREDIENTES

Placas de lasagna
Tomate natural triturado (400 gr)
Atún en conserva (2 latas)
Queso en lonchas (mozzarella, havarti o el que más os guste)
Bechamel (brick Knorr 50 cl)

ELABORACIÓN

Mezclar el tomate con el atún en un recipiente.
Cubrir el fondo de la cubeta con bechamel.
Poner una placa de lasaña, si choca con el eje de la pala de amasar partir la placa en dos.
Añadir tres o cuatro cucharadas de la mezcla de atún con tomate.
Poner una locha de queso.
Repetir los pasos 3, 4 y 5 hasta que se acabe la mezcla de atún con tomate.
Cubrir con el resto de la bechamel.

No importa si se va desmoronando.

Programa 91, 1 hora 30 minutos

CURIOSIDADES

Todos los ingredientes se pueden doblar para hacerla más grande, más pequeña no, que así como está os la vais a comer entera seguro.
Si os gusta más con carne picada el proceso es el mismo pero habría que cocinar la carne antes.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La abuela Avelina

Las últimas fiestas del pueblo no han sido las mismas. Tuvimos orquesta, baile, actuaciones, encierros, rejones… lo de siempre pero las fiestas no han sido iguales. Faltaba la abuela Avelina.

La abuela Avelina pasaba las fiestas sentada en una silla en la puerta de su casa en la calle principal del pueblo, frente a la plaza de toros. Allí se estaba los tres o cuatro días que duraba el jolgorio siempre acompañada de sus hijas, de sus hijos, de sus nietos y bisnietos, de toda su familia y del enjambre de amigos que aparecíamos por allí a tomarnos una caña mientras veíamos el encierro o un café después de comer. Más de una tarde de fiestas me he pasado allí sentada con ella en un tocón de árbol mientras el resto del pueblo disfrutaba de los rejones y los niños subían a las colchonetas.

La abuela Avelina se pasaba el invierno abrigadita con su bata azul y sus zapatillas de andar por casa y paseaba balanceándose y apoyándose en su garrote, siempre con un saludo, una palabra amable y un comentario cariñoso y siempre dispuesta a echarme una mano con la costura o a prestarme un rosario precioso para las fotos de la Primera Comunión.

Los niños la querían como a alguien de la familia y hacían cola en la iglesia para darle la paz con un beso aunque estuviéramos en la última fila y ella, como siempre, en la primera, recitando su parte y la del cura entre dientes, como si fuese la apuntadora.

El día antes de irme de vacaciones me la encontré por la calle y me despedí de ella, pensaba yo, hasta septiembre. No pudo ser, la abuela Avelina se fue el 29 de agosto y nos dejó el hueco en las fiestas y en el corazón.

Descansa en paz, Avelina.


Avelina con Valeria, su última bisnieta.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Mis afro-bellezas

¡Mirad cómo han vuelto de las vacaciones! Normal, si es que llevan allí desde el mes de junio y no se han dignado a abrir la sombrilla, ni a echarse un poquito de protección solar, ni nada de nada.
¡Cómo se empiecen a despellejar, las muelo a palos!
¡Me van a enterrar!


Espero que os guste el montaje fotográfico que han protagonizado estas tres afro-bellezas. Después de mucho desearlo y esperarlo, por fin Famosa ha puesto a la venta la Nancy negra de pelo corto y rizado. Es una edición de 10.000 muñecas numeradas y las mías son la 663 y la 2774. Mi marido ha tenido la gran idea de ponerles nombre a todas las niñas, así que os presento a Celia y a Lucrecia luciendo los modelos de bañadores de Ión Fiz para el mes de agosto. Los conjuntos incluyen un chaleco largo beige con bolsillos, una diadema con un gran lazo y un bolso vaquero de playa con la firma del diseñador.

También he aprovechado como modelo a la keka de Candela para que luzca mi réplica del conjunto “Playa” que he hecho con una tela preciosa que me regaló. Se compone de un bikini y un pareo y he añadido a las fotos las sandalias de colección y el bolsito que me regaló también Candela.





Entenderéis que éste sea ahora mi fondo de pantalla.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Rosamunde Pilcher

Me embarqué en la aventura de leer a Rosamunde Pilcher por hacer caso de las recomendaciones de mis colegas de la blogosfera. La aventura no ha sido moco de pavo ya que decidí devorar de un tirón tres de sus obras, las tres que tenían en la biblioteca municipal.
La sensación tras terminarlas ha sido, como casi siempre, contradictoria. Por un lado, no he podido evitar molestarme porque los tres libros son románticos, con todas sus letras y la expresión del sentimentalismo es de esas cosas que no me gusta leer, por la sencilla razón de que la disfruto sólo según mi estado de ánimo. Esta vez ha habido suerte, como yo estaba fenomenal, contenta, feliz y satisfecha con mi vida todas las historias me han parecido muy preciosas y no me han hecho desconfiar terriblemente de la naturaleza humana que la Pilcher plasma con maestría.
Por otro lado, he disfrutado excepcionalmente con una prosa elegante, refinada y sencilla. Con descripciones tan vivas y detalladas que te transportan con total facilidad a cualquiera de sus emplazamientos, acogedores salones con chimenea, pequeños invernaderos victorianos o gélidos paisajes escoceses.

Flores bajo la Lluvia es un libro de relatos cortos que toma su título de uno de ellos, no necesariamente el mejor. Todos plasman distintos tipos de relaciones humanas y cómo se manifiesta el amor entre ellos. No sólo el amor cortés sino también el amor entre padres e hijos, abuelos y nietos o hermanos. Y también todos sin excepción te dejan el regusto de algo mágico y aunque no siempre tienen un final feliz sí transmiten esperanza en todas sus formas y dejan entrever la felicidad futura con finales abiertos.

Tomillo silvestre es una novela corta, con una trama sencilla y previsible y con casualidades de ésas que la escritora se toma para justificar el final feliz de las relaciones sentimentales. Sin embargo, se lee con mucha facilidad y aunque a veces te hace sentir ganas de zarandear a la pánfila protagonista y de insultar a su egoísta partenaire, también te mantiene prácticamente todo el relato con una sensación de estar leyendo una tarde de otoño, tranquila y acurrucada en un cómodo sillón.
Tiene un par de personajes inolvidables por lo bien plasmados, reales y cercanos, y la descripciones, tanto de las casa como de los paisajes son absolutamente magistrales.

Los Buscadores de Conchas es una novela seria. Romántica, mal que me pese, pero con una estructura fuerte. Nos cuenta la historia de una familia durante cuatro generaciones tomando como eje de toda la historia la vida de Penélope, la protagonista y la de uno de los cuadros que pintó su padre, un pintor famoso. La autora desvela con todo detalle las relaciones amorosas de todos los personajes, desde los abuelos a los amigos y describe minuciosamente los distintos escenarios en los que se va desarrollando la acción.


Próximamente en este dormitorio, entrada en inglés para reseñaros The House of Special Purpose de John Boyne. Con traducción si hay peticiones.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El primer día de cole

El primer día de cole siempre es muy duro para mí. Me quedo sola en casa y echo mucho de menos a mis guardaespaldas. Este año ha sido aún peor porque me ha tocado ver como Ángel se iba sin su hermano, que no empieza hasta el miércoles. Él va encantado, ya es de los mayores y piensa disfrutar de todos los privilegios de los alumnos de 6º. Pero para mí, es y será siempre mi pequeño y me ha dado mucha pena verlo tan guapo y bien peinado con su uniforme, sufriendo los zapatos después de haber pasado más de dos meses en chanclas.
Lo único que me consuela es recordar cómo ha disfrutado este verano.


En el parque acuático:


En el japonés:


Haciendo submarinismo:


Cabalgando:


Navegando:


Descansando:


Me voy a prepararle su comida favorita para cuando vuelva.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La dentadura


I

Lorenzo lo tenía todo planeado. Y además, pensaba llevar toda la operación al completo él solito.
El proceso podía ser largo, bastante, podía durar incluso uno o dos días, dependiendo, ¡cómo no!, de la siesta de sus padres. Al abuelo lo tenía controlado, ése no fallaba ni un minuto.
Se sentó pacientemente a esperar la sucesión de acontecimientos.
Tal y como había previsto, su hermano Antonio se le acercó con varias intenciones. Primero quiso convencerlo para jugar una partida a las cartas de Yu-gioh. Como Lorenzo se negó, la segunda opción fue arrearle una colleja que éste soportó estoicamente. Antonio era tan simple que no notó nada extraño en que su hermano pequeño no se quejara de sus abusos como era habitual. En tercer lugar, recordó que tenía una pantalla que pasarse del último videojuego conseguido. Ése que nunca le prestaba a Lorenzo. El pequeño esbozó una sonrisilla cuando su hermano subió las escaleras ruidosamente dejándolo sólo allí sentado. Esperando.
El desarrollo del plan iba según lo previsto. Su padre salió del comedor hurgándose los dientes con un palillo y gritando –“¡Loli!, ¿te queda mucho? ¡Que si no subes no me duermo!”- Loli contestó también a gritos desde la cocina –“¡Ya voy! Termino de cargar el lavavajillas y subo enseguida. ¡Ve quitando la colcha!”- El mismo ritual de todas las sobremesas, su padre reclamaba a su madre y ésta se hacía esperar. Luego subía a dormir la siesta con él. Y ésta era la única parte del plan que cojeaba un poco, porque a veces Loli no se podía dormir por culpa de los ronquidos de Antonio padre y bajaba antes de lo acostumbrado. Lorenzo cruzó los dedos para que su padre esa tarde no roncara mucho.
Su madre le revolvió el pelo al pasar junto a él. –“Loren cariño, no te sientes en los escalones que vas a pillar una infección de orina.”- No se molestó en contestar, continuó con los dedos cruzados y con la sonrisa que le había producido pensar en el videojuego de Antonio. Esperando.
El abuelo tardaba, extrañamente, porque lo habitual era que subiera justo antes que su madre. Lorenzo empezó a dudar de todo el plan. Era fundamental que el abuelo durmiera la siesta, si no se dormía no se quitaría la dentadura.
Cuando estaba a punto de levantarse de los escalones oyó el familiar carraspeo. –“Voy a dar una cabezadita, Lorenzo. No armes ruido.”
-“¡Que no, abuelo!”- Lorenzo tenía bastante claro que precisamente esa tarde no iba a hacer ni el más mínimo ruido.

II

Los ronquidos no tardaron en empezar. Primero los de su padre, fuertes y regulares. Lorenzo apretó los dedos que tenía aún cruzados y respiró hondo cuando escuchó los de su madre, más suaves, como suspiritos encadenados. Siguió esperando con la sonrisilla esperanzada en la cara. Sabía que el abuelo tardaba más en dormirse, pero no le preocupaba, siempre lo hacía y siempre se quitaba la dentadura postiza. El objeto de su codicia y el objetivo de todo el plan.
Todo había empezado a fraguarse en su mente cinco días antes, cuando se le cayó el diente. Lorenzo sabía que el ratoncito Pérez le había dejado cinco euros por los dientes anteriores, pero esta vez era un colmillo, ¡valía más!, ¡tenía que valer más!, ¡tenía que valer tanto como un videojuego más moderno que el de su hermano! Pero por lo visto el ratoncito Pérez también estaba en crisis, como todo el mundo y le había vuelto a dejar los tristes e insuficientes cinco euros. Con eso estaba claro que no le llegaba, ni comprándolo de segunda mano. Posibilidad totalmente descartada puesto que era rabiosamente nuevo. Necesitaba más dinero. Exactamente cincuenta y cuatro con noventa y cinco euros más.
Lorenzo había calculado que la dentadura tendría al menos veinticuatro piezas, puede que más. Posiblemente los mayores tuvieran más muelas que él en cada lado, pero para no crearse falsas expectativas había decidido pensar que la dentadura del abuelo tendría doce muelas, cuatro colmillos y ocho dientes. Veinticuatro piezas.
Si el ratoncito Pérez le dejaba cinco euros por cada diente serían ciento veinte euros. Suficiente para dos videojuegos. Pero Lorenzo era un chico listo que había aprendido muy pronto y gracias a su hermano que más vale pájaro en mano que ciento volando. Así que tenía decidido poner la dentadura completa debajo de la almohada y confiar en que el ratoncito Pérez le dejara al menos la mitad. Era un buen negocio para los dos. Para el ratón un ahorro y para Lorenzo una forma rápida de deshacerse de la dentadura inculpatoria.

III

Acercó la nariz a la puerta entreabierta. El abuelo roncaba suavemente, sin altibajos y la habitación estaba tenuemente iluminada por los rayos de sol que se colaban a través de los agujeritos de la persiana.
La dentadura estaba sobre el pañito encima de la mesilla de noche. Con mucho cuidado se coló en la habitación y sigilosamente se acercó hacia allí aguantando la respiración. De repente, le crujió una rodilla y eso hizo que se quedara paralizado. Notó que una gotita de sudor le recorría la espalda y se atrevió a respirar en completo silencio. El abuelo seguía profundamente dormido.
Lorenzo alargó la mano y aguantando una arcada inesperada agarró la dentadura con todas sus fuerzas y salió corriendo de la habitación olvidando que lo más importante de su plan era no ser descubierto.
Al llegar a su habitación con el corazón desbocado frenó en seco, Antonio estaba tirado en la cama jugando con la consola. Lorenzo se metió la mano con la dentadura en el bolsillo rezando para que su hermano no se diera cuenta, pero Antonio estaba tan inmerso en el juego que ni notó que el pequeño había entrado.
Se tiró en su cama y disimulando con toda su alma se sacó la dentadura del bolsillo y la deslizó suavemente debajo de la almohada. Con la misma suavidad e intentando pasar desapercibido, se recostó sobre la almohada y se puso a observar los progresos de su hermano con el videojuego. Paulatinamente recuperó el ritmo respiratorio regular, le empezó a entrar sueño y poco a poco se fue relajando.

IV

-“¡Dodi, Dodi, Andonio, Andonio!”- Los gritos del abuelo resonaban por toda la casa. Lorenzo se despertó sobresaltado sin saber qué pasaba. Tardó un par de segundos en analizar la situación y recordando su fechoría, metió la mano debajo de la almohada antes de abrir los ojos.
La sorpresa hizo que los abriera desmesuradamente y que se incorporara en la cama como si realmente lo que le causara ese estupor fueran los gritos que seguían oyéndose. Pero no, Lorenzo sabía perfectamente qué le pasaba al abuelo. Su extrañeza era provocada por el vacío debajo de la almohada. No había nada, ni dinero, ni dentadura. Nada.
Se preguntó qué podría haber pasado. Descartó que su hermano lo hubiera descubierto, sabía que si hubiese sido así, Antonio le habría golpeado con la dentadura del abuelo en la cabeza y se habría chivado inmediatamente.
La única posibilidad que se lo ocurría era que el ratoncito Pérez había olvidado dejarle nada y se había llevado los dientes del abuelo.
De repente, empezó a oír otros gritos. Gritos de triunfo, de alegría. Su hermano Antonio subía las escaleras chillando como un ganador de la lotería –“¡Toma, toma, toma!”- Entró en la habitación con una gran sonrisa. -“¡Mira, enano!”- Y alargando la mano le mostró el deseado videojuego. -“Me lo ha regalado el abuelo. Se lo ha encontrado debajo de su almohada”.

martes, 8 de septiembre de 2009

La muñeca rusa

Tenía aún en el tintero hablaros sobre otra muñeca, infinitamente más bonita que Nancy, Paola reina o Corolle. Es rubia, chatunga y con la cara llena de alegría. Te echa los brazos al cuello a pesar de que te acaba de conocer o de que hayas ganado el último concurso de feos del pueblo. Come bien, duerme mejor y adora a su hermano y a sus padres aunque al que quiere con locura es al lolo, al abuelo. Se llama Olga y como indica este poco original título, es rusa aunque nacionalizada algecireña.



Su madre me recordó que a su hermano fue al único niño al que le he bordado algo. Se había borrado de mi mente, porque el chico ronda los quince y hace tanto que vengo diciendo que sólo bordo a las niñas, y de la familia, que pensaba que siempre había sido así.
A Olga le hice un cuadrito con su nombre flanqueado por dos gnomos. La niña es indudablemente más bonita.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Lentejas sin remordimientos



Seguro que habéis pensado que no he comido desde enero, mes en el que publiqué la última receta. Pues no, estáis equivocados y os lo puedo demostrar cuando queráis subida en la maldita báscula que dice los kilos que me sobran.
Así que para empezar el curso con buen pie hay que volver a las ricas y tradicionales legumbres y yo he empezado por unas lentejitas sin grasa pero sabrosas, deliciosas y apetitosas a pesar de que todavía hace calor. Esto último es fácil de compensar si las acompañáis de una gran ensalada.
Las lentejas son un plato rápido de elaborar en cualquier recipiente pero en mi olla rápida siempre se pegaban. Ahora en la milagrosa GM siempre salen en su punto, ni pastosas ni aguadas.

INGREDIENTES

Aceite
Un par de dientes de ajo
Un tomate pelado
Dos cucharaditas de pimentón dulce
Lentejas pardinas
Un par de zanahorias en rodajas
Sal y pimienta
Agua (cuatro medidas de lentejas)

ELABORACIÓN

Menú LEGUMBRES.
Cubrir de aceite el fondo de la cubeta, añadir los ajos laminados y el tomate y cuando empiecen a dorarse incorporar el pimentón.
Remover rápidamente para que éste último no se queme y echar las lentejas, las zanahorias y el agua.
Salpimentar.

CURIOSIDADES

Una vez servidas, podéis añadir al plato un chorrito de vinagre.
Si no soléis tener remordimientos, añadidle a la olla un par de chorizos y otro de morcillas. Y en cualquier caso, ya sabéis, son lentejas, que quien quiere las come y quien no, las deja.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Vuelve por undécima vez

El puente de mayo del año 2000 fue de los buenos para los habitantes de la Comunidad de Madrid. El día 1, fiesta nacional, fue lunes, así que los madrileños no tuvimos que volver al trabajo hasta el miércoles 3 puesto que el 2 es el día de la Comunidad.


Por supuesto, aprovechamos para irnos al pueblo con la familia a pasar los cinco diítas. Y debido a esas tardes de sobremesa en la casa de mi hermana, y gracias a su sabia sugerencia conocí el programa más novedoso, entonces, y absorbente, aún, de la televisión. Gran Hermano. En adelante GH.


Me sentaba todas las tardes laborables y todos los miércoles primero, y los jueves y los domingos por la noche más adelante, delante de la tele y mi mente volaba a Guadalix de la Sierra donde una pandilla de concursantes había decidido voluntariamente permanecer encerrados noventa días o más para ganar un premio en metálico, conseguir un novio o la fama momentánea y cruel de los programas del corazón.


Me descubría a mi misma sonriendo tontamente durante toda la duración del programa, como abducida por Ismael, Kico o Pepe, algunos de mis concursantes preferidos. También me sorprendió una nueva y extraña clarividencia para saber qué nominados iban a ser expulsados. Nunca fallaba.


Mi vocabulario se enriqueció con el uso de nuevas palabras como confesionario, súper, mafia, pacto y sobre todo el grandioso y elocuente verbo magnificar, porque allí dentro de la casa de GH todo se magnifica, lo que más los sentimientos.


Durante un par de temporadas estuve totalmente enganchada también a los programas matinales de María Teresa Campos primero y de Ana Rosa Quintana después, porque allí se dedicaban a desmenuzar hasta el último suspiro de los concursantes. Ahora ya me limito a ver la gran gala semanal y ni siquiera aguanto despierta "La Casa en Directo". Pero sigo siendo fiel.


Lo que no he hecho nunca y me enerva con facilidad es hablar sobre los concursantes. No me interesa nada, me importa un pito si son buenos o malos, gañanes o educados, putones o píos, yo me limito a observar e intentar adivinar quién va a salir y por qué. Intento entender las razones de todos para comportarse de una u otra forma pero los siento como algo irreal, me niego a que me caigan bien o mal. Me da igual. Sólo me dejan algo de huella los que hablan bien y con soltura.


Al principio intenté seguir otros reality shows pero desistí pronto porque el único que me gusta es GH. Me ha tocado explicar y justificar tantas veces que me guste que ya sólo me apetece decir lo mismo que Jaimito cuando describiendo el amoníaco aseguró que olía bien: "A mí me gusta".


Así que el domingo día 6 a las diez de la noche me tomaré este café.


miércoles, 2 de septiembre de 2009

La muñeca de mi suegra


Mi marido creía que mi suegra conservaba una Nancy cojita, probablemente desechada por alguna de sus sobrinas, así que no perdimos la oportunidad de pedírsela en cuanto llegamos al pueblo. La Nancy no apareció entonces, pero sí esta preciosidad en un estado deplorable.






Mi suegra, sudando la gota gorda porque estábamos a 38º, me dijo que le había hecho el pantalón de lana porque tenía las piernas un poco flojas, así que pensamos que todo había sido una confusión de "piernas" y aunque no era Nancy, me pareció tan bonita que le pedí que me la dejara para arreglarla y sobretodo para quitarle la ropa de invierno que daba picores.






Así que nos la llevamos a la playa y allí la sometimos a su primera sesión de fotos al desnudo para dejar constancia de la cantidad de mugre que puede llegar a acumularse en los pliegues del brazo o entre los dedos.







Aunque fue mucho más impresionante cuando la pusimos en remojo y le levantamos el flequillo.



Pero mereció la pena, quedó preciosa con su pelo limpio y suave tras varias sesiones de mascarilla, con su cara limpia y brillante por los masajes con crema hidratante y sobre todo, quedó fresquita con su nuevo vestido veraniego y sus braguitas a juego todo hecho a mano.






Lo mejor de todo es que cuando se la devolvimos a mi suegra nos dijo que la muñeca cojita había aparecido y que me la daría en Navidad cuando volvamos al pueblo. No sé si será una Nancy pero en cualquier caso también la pondremos guapa.


Por cierto, ¿alguien sabe cómo se llama?



Aprovecho esta entrada para colgar el premio que me han concedido Blas y Shirat con la amabilidad que las caracteriza y que yo paso a mi vez a Kairós que este año tendrá luz de sobra para iluminarnos a todos.
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