
El martes no disfruté de la noche de San Juan. Miento. De lo que no disfruté fue de la fiesta en la plaza del pueblo porque me quedé en casa como cada martes. Viendo House, el último episodio de la quinta temporada.
Mi marido y yo hemos sido fieles seguidores desde el primer episodio y a veces resulta complicado explicar cuál o cuáles son los motivos de nuestra adoración porque Gregory House es un personaje maleducado y descortés y antipático y cotilla y desconsiderado y terco y soez y varias cosas más que empiezan por i como irreverente, incosciente, incrédulo... ya sólo se me ocurren palabrotas e insultos pero me prometí a mi misma cuando abrí este blog que eso no ocurriría. Para colmo, la parte técnica de los guiones se alejan tanto de la realidad que la mayoría de los médicos, y eso incluye a algunos que conozco, se quejan amargamente de la veracidad de la serie.
Pero yo digo como el del chiste del amoníaco, a mí me gusta.
Han recuperado al personaje de Amber de una forma magistral. Han conseguido que sigamos interesados en Cameron y Chase y que casi llore con la escena de la reconciliación viéndola llorar. Han sacado lo mejor de Wilson y Cuddy representando el desconsuelo del amigo. Han conseguido que personajes, inicialmente anodinos, nos resulten imprescindibles. Y sobre todo han montado un último episodio magistral, con un clímax tras otro y que nos dejó con unas ganas enfermizas de ver otra temporada más.
La serie tiene algunos detractores cargados de razón, todos los episodios son iguales. Primero se produce el error al identificar al enfermo. Después empieza la batería de pruebas que en la mayoría de los casos lo ponen aún peor. Todo el equipo aporta sus teorías pero hasta que House no habla con Wilson sobre algo que no tiene nada que ver con el paciente, no se le ocurre la enfermedad o dolencia correcta, normalmente la lepra, la peste bubónica, el escorbuto o cualquiera de las enfermedades raras rarísimas que no tiene nadie.
Sin embargo, algo tiene que tener para que millones de espectadores estemos absolutamente enganchados y deseando que llegue el día del estreno de la próxima temporada. Puede ser que la adicción del protagonista nos lo haga más humano, nos acerque a él. Posiblemente, las interpretaciones magistrales sean uno de los aspectos que más atrae, los actores son excelentes en todos los episodios. También influirán las tramas médicas, con historias siempre interesantes y curiosas (si no, no le llamarían la atención a House). Y seguramente, los diálogos serán definitivamente la razón del rotundo éxito, en especial los que se producen durante los diferenciales. Encuentro muchos motivos.
Lo mejor, la última cara de House un segundo después de ésta:

Y como estamos con la quinta temporada, aprovecho para hacer el juego de la quinta frase que me han pasado
Geno y
Shirat.
Aquí va la
quinta frase completa de la página 161 del libro que tengo más cerca y que en este caso coincide con el que me estoy leyendo, El Laberinto de la Rosa.
-Señor, como expliqué a V&A, esto fue recientemente legado a nuestra universidad.