lunes, 23 de febrero de 2009

La primera salida


El pasado 1 de noviembre quedó señalado en el calendario como el primer día que Carlos salió.
Todo empezó pocos días antes y en un momento de distracción, conduciendo de vuelta del cole cuando me preguntó si algún día podría ir al cine con los de su clase.
Ante una pregunta tan inocente no te queda más remedio que contestar afirmativamente, sobre todo porque no me esperaba el rápido contraataque de mi hijo asegurando que algunos de sus compañeros ya habían quedado para ese próximo sábado.
Ante mi insistente demanda de información, me siguió contando que una de sus compañeras de clase, tras encontrarse con varios más viendo High School Musical 3 acompañados por sus familias, había pensado que podrían organizar una salida entre ellos, sin mayores.
El plan era ver una joya de la pantalla, Disaster Movie, y tomarse algo en el burguer a la salida. Solos. Sin padres ni hermanos mayores.
Como ya le había dicho que sí, no fui capaz de encontrar argumentos con base para negarme a que mi niño de once años pasara una o dos horas solito en una oscura sala de cine, saliera de noche a la calle que tendría que cruzar para ir al burguer y tuviera que pedirse y pagarse él solito (otra vez) la cena. ¡Mi niño!

Para terminar de arreglarlo, su padre puso el grito en el cielo puesto que el cine está en otra población a diez kilómetros de la nuestra y porque tampoco se atrevía a negarse después de que yo ya hubiera aceptado.
Así que el sábado en cuestión lo llevé al cine junto con una compañera que vive cerca de casa. Iban los dos guapísimos y estuvieron todo el trayecto charlando animadamente. Cuando llegamos al punto de encuentro los estaban esperando dos grupos muy distintos. Uno de chicos y otro de chicas. Por el recibimiento que les hicieron podrían haberse sentido como Penélope Cruz anoche, pero ellos se lo tomaron con calma, se reunieron cada uno con el grupo que les correspondía por sexo y no volvieron a tenerse en cuenta hasta que los padres de la chica fueron a recogerlos.
Al parecer se sentaron en lugares opuestos dentro de la sala. Los chicos al fondo y las chicas en mitad de la sala, sufriendo el bombardeo de palomitas. A pesar de mis reparos, hubo padres resonsables que no tuvieron ningún impedimento en quedarse a ver la película y que posteriormente confirmaron lo que me contó mi hijo añadiendo algunos detalles.
Tras la proyección, salieron en dos grupos bien definidos y cruzaron con sumo cuidado hacia el burguer donde se sentaron en dos mesas bastante separadas. Pidieron, pagaron y se comieron y bebieron cada uno lo suyo y como ya habían terminado, llamaron a los padres para que fueran a recogerlos hora y media antes de lo previsto. Casi diecinueve euros.
Juventud, divino tesoro.

jueves, 19 de febrero de 2009

El gato negro


I
Antes de llegar a aquel pequeño pueblo de ochocientos habitantes, Raúl se sentía como Joel Fleischman de Northern Exposure, sólo que él no era médico, ni Villarrabila Alaska.
Raúl acababa de terminar Veterinaria con el firme propósito de montar una clínica para perros pijos en el barrio residencial donde siempre había vivido. Contaba para ello con el capital que la abuela Margarita le había dejado y que esperaba tener a su libre disposición después de haber cumplido con todas las condiciones que el abogado le iba imponiendo una a una desde que cumplió dieciocho años.
Primero había sido terminar el bachillerato. Después estudiar esa carrera que no le gustaba nada. Por último, ir a ejercerla en Villarrabila, pueblo natal de la abuela y donde sólo había vacas, caballos y mulas; animales todos más grandes que él y que le producían un pánico que se veía obligado a disimular.
Sin embargo, su primer trabajo no tuvo nada que ver con animales de granja. Doña Adela se presentó con un minino negro entre los brazos –No maúlla, doctor- dijo a modo de saludo.
-¿Lo ha hecho alguna vez o es que ha perdido la voz? Preguntó Raúl sin hacer nada por evitar el tono de guasa.
-Por supuesto que lo ha hecho, pero ayer se quedó mudo justo cuando terminaron de doblar- contestó Doña Adela llena de seguridad.
-De doblar ¿qué?
-Pues qué va a ser, las campanas por el pobre Serafín. Fue justo cuando salimos de misa de once.
-Oiga señora, pero, ¿cómo puede tener la seguridad de que el gato se quedó mudo cuando doblaban a muerto? Preguntó Raúl empezando a irritarse.
Doña Adela lo miró con cara de desprecio. Por su cabeza pasaban muchas ideas a la vez, pero la de insultar al joven veterinario era la que más fuerza hacía. Se reprimió y armándose de paciencia procedió a explicarle a Raúl las razones obvias de la falta de maullido del gato negro.
-Ayer era domingo, hijo. Y levantando la mano añadió -¡No me interrumpas! En este pueblo siempre que muere alguien en domingo caen otros siete seguidos y enmudecen los gatos. Por eso nadie, excepto yo, los quiere. Y soltando al gato encima de la mesa, se sentó con un resoplido de fastidio.
Raúl se quedó a medias entre la risa y el desprecio. Los dos compartían ese sentimiento. Doña Adela empezaba a preguntarse si haber ido a consultar a aquel veterinario imberbe había sido una buena idea; y Raúl se empezaba a horrorizar al conocer las estúpidas creencias de los habitantes de Villarrabila.
Estúpidas para él. En ese momento, las campanas empezaron a doblar a muerto. El segundo había caído.

II
El sábado, Raúl se despertó bañado en sudor frío a las seis de la mañana. Llevaba ocurriéndole desde el martes. El gato de Doña Adela seguía allí, en su consulta, en silencio. Había consultado sus libros de la Facultad, Internet, a sus antiguos compañeros por teléfono, en vano; no sabía qué le pasaba al gato. Incluso había probado a hacerle daño pellizcándole con fuerza y sólo había conseguido varios arañazos en la mano y ningún maullido. El silencio en la consulta lo ponía cada vez más nervioso. Y las campanas doblando a muerto diario también.
Con sumo cuidado cogió al felino y se dirigió a casa de Doña Adela. Se había cansado de angustiarse tontamente y de explorar a un animal que no tenía ningún síntoma de enfermedad. A pesar de las pesadillas en las que veía al gato atacándole y sacándole los ojos, éste no le producía ningún miedo a la luz del día y se sentía avergonzado de haberse planteado la posibilidad de que la maldición de Villarabila fuera cierta. Llamó a la puerta de la anciana con la seguridad de que el gato siempre había sido mudo.
La puerta estaba abierta. Raúl insistió golpeando la aldaba y al no obtener respuesta dejó al gato en el suelo y ambos entraron en la casa. Doña Adela estaba tirada en el suelo. No necesito buscarle el pulso, sabía que era la sexta muerte.

III
El domingo, Raúl fue al funeral con el gato de Doña Adela en los brazos. La mayor parte del pueblo estaba de luto pero nadie se comportaba de forma extraña y en la plaza de la iglesia la mayoría de los parroquianos comentaban casi jocosamente las seis muertes. Los seis ancianos más mayores, enfermos y cascarrabias del lugar habían caído bajo la maldición del domingo anterior. Nadie evitó mirar directamente al veterinario con el único gato del pueblo a cuestas. Era el único preocupado.
Sin saber que hacer con el minino, Raúl se dirigió al bar de la plaza. El camarero y dueño del lugar se le acercó con una sonrisa, –¿un platito paella, doctor?-
-Sí, estaría bien, pero no soy doctor, llámeme Raúl.
-¿Ha conseguido usted que hable? Preguntó el camarero.
-¿Qué hable quién?
-Pues el gato, hombre.
-Ah, no. Ni un maullido, pero igual siempre ha sido mudo.
-No, señor. Que el sábado pasado no me dejó dormir el condenado. Ése está mudo por la maldición. En cuanto se muera el séptimo verá usted como vuelve a maullar.
Raúl estaba totalmente asombrado. No podía comprender cómo aquel hombre hablaba con tanta calma y naturalidad de la próxima muerte. Con indignación le preguntó, ¿no le importa que se le muera a usted alguien querido?
-A mí no, hombre. El que se tiene que morir hoy es un sobrero. Uno que sobra. ¿No se ha fijado que eran todos viejos inútiles? La maldición no es tan mala, la muerte se lleva las sobras del pueblo. Y el gato se calla para no llamar la atención y que se lo lleve a él que lo único que hace es estorbar.
El veterinario volvió a su casa más tranquilo y riéndose de él mismo. ¿Cómo había podido creer tamaña tontería? Estaba claro que había sido una tremenda casualidad que los lugareños explotaban para aliviar su dolor. Sabía con certeza que su alterado estado de ánimo se debía al descubrimiento del cadáver de Doña Adela y al cambio de vida, todo junto. El gato no maullaba porque no le apetecía y estaba convencido de que lo haría en cualquier momento. No se podía permitir empezar su nueva vida con tan malas vibraciones, ni dejar que su imaginación le amargara el comienzo del largo año que le esperaba en Villarabila. Y lo que más claro tenía en ese momento era que las seis muertes habían sido una simple casualidad.

IV
Después de cenar tomó la decisión de llevar al gato a alguna asociación que se hiciera cargo de él. Nunca le habían gustado los animales y la semana de convivencia forzosa con el negro y mudo animal no le había hecho cambiar sus gustos. El minino llevaba todo el día tumbado al lado de la puerta sin moverse y por supuesto sin hacer el más mínimo ruido.
Justo cuando Raúl abría el portátil para informarse sobre las asociaciones de animales, el gato se incorporó. El veterinario lo miró asombrado y entonces el gato maulló, una, dos, tres veces. Tres largos maullidos.
Raúl sonrió y hablándole al gato dijo –Sabía yo que ibas a maullar sin que muriera nadie más.
El gato volvió a tumbarse junto a la puerta.
Las campanas empezaron a doblar a muerto.
Raúl horrorizado se dio cuenta, había muerto el séptimo.
Y era domingo, el gato negro había enmudecido, la maldición empezaba otra vez.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Inés del Alma mía de Isabel Allende.

Hace un par de años me enfadé con Isabel Allende por culpa de El Bosque de los Pigmeos y de El Reino del Dragón de Oro. Los había leído con mucha ilusión puesto que La Ciudad de las Bestias me había encantado, como todos sus libros anteriores a excepción de Paula; sin embargo, los dos mencionados me parecieron infantiles, escritos a toda prisa para cumplir con los objetivos editoriales e indignos de la chilena que me tenía encandilada.
Por ese motivo no me leí Inés del Alma mía en su momento y no lo hubiera hecho ahora si no hubiese ido con mi hijo de diez años a la biblioteca. Con semejante portada qué crío se resiste a cogerlo.
Inés Suárez fue un personaje histórico real que participó en la conquista de Chile y en la fundación de su capital, Santiago, junto a su amante Pedro de Valdivia. Isabel Allende novela su vida haciendo hincapié no sólo en la parte romántica y sentimental de la protagonista sino también en su intervención decisiva en la expedición, la fundación y la defensa de la ciudad. Al parecer, la documentación ha sido auténtica y todos los datos históricos comprobados, cosa digna de agradecer pero que no tiene mayor importancia puesto que lo que es verdaderamente relevante en este libro es la prosa absolutamente absorbente de Isabel Allende.
Me he quedado prendada otra vez de la forma que tiene de construir los personajes tanto femeninos como masculinos; aunque está claro que el tipo de mujer que nos pinta es ideal, es lo que nos gustaría ser a todas, mujeres fuertes, seguras, con las ideas claras e independientes no sólo económica sino sentimentalmente, a pesar de ser también entregadas y apasionadas amantes.
No me puedo quedar sin comentar la descripción de las batallas, sobre todo de la final contra los indígenas. Una batalla bien contada salva el libro más aburrido, no es éste el caso porque el libro es sumamente entretenido pero además, las batallas están narradas con la minuciosidad necesaria para que las vivas desde dentro, esquives los espadazos y te arranques con los dientes las flechas que te den.

lunes, 16 de febrero de 2009

La entradita

Todas las casas tienen su galería. Ese lugar donde exponer los pequeños y grandes tesoros que se acumulan a lo largo de nuestra vida. El sitio donde colocamos la vitrina con los trofeos por nuestros logros, donde colgamos nuestras preciadas obras de arte o simplemente el mueble donde exponemos los recuerdos de las vacaciones, las nuestras y las de los vecinos.
Mi galería es la entradita donde estoy colgando los premios blogueros, las peticiones o los desafíos; por lo que ya era hora de presentar esta sección como he hecho con las demás habitaciones de mi casa, con fotos.
Casi todos mis lectores saben que mi cámara nueva se cayó al suelo, así que las fotos hechas con el móvil dejan bastante que desear pero sirven para mostraros que es lo que tengo con gran cariño de cara a la galería: mi colección de faros.
Nunca pensé cuando me vine a Madrid que iba a echar tanto de menos el mar, más que nada porque sólo viví seis años en Málaga; sin embargo, el recuerdo de las vistas desde mi terraza me hizo decidirme a bordar a punto de cruz un cuadro de faros.


Me encantaron. Me gustaron tanto que empecé a fijarme obsesivamente en todos los faros que aparecían ante mi vista. En la tele, en el cine, en los escaparates de las tiendas de regalo..., aquí fue dónde perdí la cabeza porque me compré todo lo que iba encontrando con forma de faro, imanes, velas, sujeta-puertas, relojes...

Además embarqué a los artistas de la familia en la aventura de completar mi colección. Así, mi hermana pequeña me bordó este otro cuadro
Mi madre me pintó la tela que utilizamos para el cubrecontador.


Y además me hizo este precioso tapiz.


Mi marido me pintó el paragüero y me enmarcó con molduras las láminas en la puerta del zapatero.

Y el resto de mi familia, amigos y conocidos se lanzó a la búsqueda y captura de faros. De esa forma, mi otra hermana encontró los muebles con forma de faro y el salvamantel y mi comadre el cuadro para las fotos.

Por supuesto, todos están en la entrada de mi casa.
En la entradita.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Mi alter ego




Cuando era pequeña, antes de cumplir los nueve años, vivía en un piso muy pequeñito de sólo dos habitaciones. A pesar del escaso espacio, siempre había algo perdido, que no aparecía por más que mi padre preguntara. Todos los días, absolutamente todos los días, todos los miembros de la familia nos dedicábamos a buscar el desaparecido TelePrograma. ¿Dónde está el TelePrograma? ¿Habéis visto el TelePrograma? ¡Dichoso TelePrograma! Mi padre llegó hasta a diseñar un artilugio similar al que tienen en algunos bares para que no les roben el periódico, para evitar que se perdiera el TelePrograma; aunque no sirvió de mucho porque no nos llegamos a acostumbrar a usarlo.
Siempre me he preguntado para qué querríamos el TelePrograma si sólo había dos canales de televisión. Y sobre todo me pregunto cómo nos las arreglamos ahora con las decenas de canales que tenemos, sin TelePrograma. Aunque es evidente que hay mucha gente que no se las arregla sin él y sigue comprándolo fielmente con nombre tuneado, el TP.
Anoche, después de ver el episodio de Dr House como cada martes, acabamos viendo la gala de entrega de los premios TP. Si compráramos el TP en casa como hacían mis padres hace más de treinta años no me habría sorprendido tan gratamente.
Justo en el mismo momento en que aparecía el seis blanco sobre verde de la Sexta en la pantalla, dos presentadores anunciaban que Patricia Conde acababa de ganar el premio a la mejor presentadora de programas de espectáculo y entretenimiento. Se me escapó un grito de satisfacción, un ¡toma! de los que soltábamos cuando faltaba un profe y nos encontrábamos de repente con la hora libre.


Patricia Conde llevaba un Dior con cola, dorado, asimétrico y con detalles de pedrería que le sentaba como un guante. Recogió el premio muy emocionada y se lo dedicó entre sollozos a Miriam Martín, recientemente fallecida y hermana de su ex novio Dani, cantante de El Canto del Loco.
Vídeo del momento
Siempre me ha gustado esta chica, desde El Informal de Javier Capitán, pasando por Lady Kaña o Splunge, para terminar con el único programa de televisión que le gusta absolutamente a todo el que le he preguntado, Sé lo que hicisteis...
Patricia Conde me resulta, además de innegablemente guapa, simpática, graciosa e inteligente, una gran profesional que demuestra cada día su capacidad de trabajo en un programa en directo. Por todo esto decidí hace tiempo usar una imagen suya, que para mí la quisiera yo, como avatar en los foros en los que participo.

ENHORABUENA PATRICIA, TE LO MERECES.

domingo, 8 de febrero de 2009

Instrucciones para Salvar el Mundo de Rosa Montero

Rosa Montero me gusta casi siempre. Se lee de forma fluida y te atrapa con un discurso fácil y cercano que te hechiza.
Esas mismas características de su prosa en general se pueden aplicar a esta novela en particular. Se deja leer desde la primera línea. Te invita a quedarte otro rato más ante el libro y la hora del sueño no llega hasta que te impones a la lectura y decides que tienes que dormir algo.
Es una historia de vidas cruzadas, que me suelen gustar bastante sobre todo si están bien entrelazadas como ocurre aquí. Un taxista viudo y casi loco por el dolor de la reciente pérdida de su mujer. Una prostituta de Sierra Leona que ha pasado ya por todo lo imaginable. Un médico desencantado de su vida y su profesión. Una alcohólica con un pasado doloroso. Y algún otro personaje más que también deja su huella y su propia historia entre las páginas de la novela.
Todos los personajes están fundamentados, la Montero te cuenta sus historias, a veces someramente, y otras profusamente, pero no te deja con ninguna intriga con respecto a las vidas de sus personajes, ni siquiera en lo que se refiere al futuro que traspasa los límites del libro.
Y todas esas vidas acaban unidas por la bondad; a pesar de la crudeza, del miedo, a veces del terror, la mayoría de los personajes acaban mostrando su lado humano, su lado bueno.
Terminas de leer con una sensación de satisfacción, de que todo está bien hecho. Y sólo cuando han pasado un par de minutos desde que has terminado el libro, te das cuenta de que te han tomado el pelo, de que te han contado un cuento, para adultos, pero un cuento, y de que te han engañado durante todo el libro haciéndote pensar que era una historia de misterio.
Magistral.

sábado, 7 de febrero de 2009

MikeM’s Site te regala este paquete


Gracias a que Nuria me concedió ayer el premio Memé por segunda vez, me he acordado de que tenía todavía pendiente el Memé regalo que me concedió mi amiga Glenda. También me ha hecho darme cuenta de que no soy tan normalita; desde el otro día me he descubierto otro montón de rarezas que prefiero volver a olvidar lo antes posible. ¡Y yo que pedía ser especial!

El Memé regalo es un premio sorteo, en el que supuestamente se ganará el paquete sorpresa que aparece en la foto. Como soy tan materialista voy a cumplir las normas al pie de la letra en esta única ocasión.
  • Publicar un post enlazando esta entrada, con el título MikeM’s Site te regala este paquete.

  • Invitar a cinco blogs a participar en el concurso.

  • Y dejar un comentario en http://www.mikemsite.com/ para que pueda revisar que se han cumplido las normas y apuntaros a la lista. Supongo que no hace falta decir que estos requisitos son imprescindibles para participar.

El concurso finalizará el 8 de marzo. El sorteo se realizará el día 9 de marzo y la entrada con el ganador la publicará un día después, el 10 de marzo. El paquete no tardará en llegar, en un plazo de 2 semanas el vencedor del concurso tendrá el premio en sus manos. Por los gastos de envío, no os preocupéis, corren de su cuenta.

Los cinco blogs a los que invito a participar son los de Kira, Nuria, Alicia, Eva y Laura. Voy a avisarlas.

jueves, 5 de febrero de 2009

Quisiera mantener correspondencia con...

El 29 de diciembre pasado me despertó el sonido del móvil avisándome de que tenía un mensaje de texto. Era de mi amiga Candela interesándose por los motivos de mi ausencia navideña. Por supuesto se refería a mi ausencia en la red, cuando me voy de vacaciones no suelo conectarme apenas. Antes de sentarme a desayunar me llegó otro mensaje de la susodicha comunicándome crípticamente que esperaba que yo no me enfadara porque había publicado una foto mía en el foro de Esther y en su propio blog. Si hubiera sido el día anterior, no le habría hecho ni el más mínimo caso.
Terminé de desayunar rápidamente y metiéndoles prisa a todos, hice que me llevaran a la biblioteca para poderme conectar y ver qué es lo que había encontrado Candela. La curiosidad me comía. El suspiro que se me escapó desconcentró a los pocos lectores de aquella lluviosa mañana. No eran las fotos del Interview ¡qué alivio!
Mi búsqueda de amigos por correspondencia se publicó además de en algún dominical juvenil del ABC o de El País, en un Lily de enero del 79. Treinta años.

En aquella época, sin móviles, sin internet y sin tele por las mañanas, escribir cartas era una interesante manera de hacer amigos. Hice muchos, mejor dicho, muchas. Creo que llegué a mantener correspondencia con más de veinte desconocidas, además de con amigos y amigas a los que sí conocía pero que simplemente no vivían en el mismo sitio que yo.
La mayoría de esas amistades por carta sólo me duraron unos meses, sin embargo hubo algunas interesantes excepciones a las que recuerdo con especial cariño.
Me estuve escribiendo con una chica de Badalona que también se llamaba Cloti y que era seguidora del equipo de baloncesto de la ciudad, el Joventut. Me mandaba fotos autografiadas de los jugadores del momento de los cuales estábamos las dos absolutamente prendadas.
Llegué a conocer a dos chicas canarias de la isla de Lanzarote durante ese mismo verano del 79 cuando mi tía Manoli todavía vivía allí.
Pero de la que no me olvidaré nunca fue de la amiga que más tiempo estuvo carteándose conmigo, SSS, que así eran sus iniciales, era madrileña y estuvimos en contacto hasta COU. Teníamos los mismos años, gustos e intereses, fácil por otro lado, puesto que éramos dos adolescentes del montón.
La conocí en un viaje que hicimos a Madrid durante ese último curso en el instituto. Me invitó a comer a su casa y nos vimos alguna tarde por el centro. ¡Qué desilusión! Cinco o seis años contándonos todos nuestros secretos más íntimos y en tres o cuatro horas se me cayó el mito a los suelos. No me gusto su casa, no me gustó su barrio, no me gustó su familia que se portó conmigo de maravilla, no me gustó ella en persona. A veces somos muy injustos, o muy tontos y tiramos por la borda cosas de valor que de repente ya no nos interesan. Eso me paso con SSS, no le volví a escribir nunca más. ¿O fue ella a mí?
Cotilleando por San Google para documentar esta entrada, he averiguado que trabaja como Técnico Auxiliar de la Administración General y me sé hasta el número de su DNI. Si algún día me la encuentro en el Facebook espero recuperar algo de lo que teníamos.
No quiero terminar en plan melancólico porque no me negaréis que la foto es para reírse no para llorar. Nunca he andando yo escasa de autoestima, pero en esos momentos me debería sobrar para dar y regalar. Me veía bien, muy bien, para salir en el Lily que en esos momentos iba ya por el número 891. Vamos, que se vendía, y yo estaba totalmente dispuesta a lucir mi palmito y mi flequillo por toda España.
Aunque no estaba en modo alguno preparada para que me desenterraran esa imagen y ese estilismo, que merecería la cárcel de mis consejeros estéticos del momento; me llevé una alegría enorme y cuando me reuní con mis guardaespaldas llevaba una gran sonrisa de ilusión y felicidad que ayudó a que el detalle de estar en busca y captura por la mezquina cantidad de $0.003 no me importara en absoluto.

Gracias Candela y gracias a Sonia que hizo el montaje.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Los Cuentos de Beedle el Bardo de J.K. Rowling

Los Reyes Magos tuvieron el acierto de dejar a mis hijos como regalo sorpresa Los Cuentos de Beedle el Bardo. Carlos ya conocía los títulos de los Cuentos porque aparecen mencionados en Harry Potter y las Reliquias de la Muerte y cuando se los terminó de leer no me hizo ningún comentario al respecto, así que me los tuve que leer ayer.
Son preciosos, cuentos de hadas, mejor dicho, de magos y brujas, de toda la vida. Con los ingredientes necesarios para hechizar y encantar al lector, fantasía, originalidad y simpleza. Aunque sinceramente, si los Cuentos me han gustado, más lo han hecho las disertaciones de Albus Dumbledore al final de cada uno de ellos. Soy una ferviente seguidora de la Saga, por lo que cualquier detalle adicional sobre el mundo de los Magos me despierta una curiosidad comparable a la de la mayoría de la población con las historias truculentas de Falete o Violeta Hernández (pausa para vomitar). Además, ésta es precisamente la parte del libro escrita para adultos. El discurso de Dumbledore siempre es difícil de comprender para los niños o adolescentes, podéis comprobarlo en cualquiera de los siete libros de Harry Potter o en las películas, que también son maravillosas. Pero esa misma dificultad es lo que lo hace interesante.
Como un aliciente añadido, parte del importe del libro lo entregaran los propios Reyes Magos al Children's High Level Group, al igual que ocurrió con los beneficios producidos por Quidditch a través de los Tiempos y Animales fantásticos y dónde encontrarlos, que fueron donados a Comic Relief.
Muy recomendable y para todos los públicos.

martes, 3 de febrero de 2009

La Ladrona de Libros de Markus Zusak

Por fin, menos mal, menos mal que me ha gustado. Sí, me ha sorprendido gratamente a pesar de mis reticencias iniciales, de mi miedo. Me estaba preocupando, pero ya sé que el problema no era yo, eran los otros libros.
La Ladrona de Libros es la historia de una niña acogida en la Alemania nazi. En una buena pero pobre familia, con sus vecinos malos afectos al partido y con sus vecinos buenos que se empobrecen cada día más. Con su judío escondido en el sótano, sus cartillas de racionamiento y su disimulo diario. Con todas las características de cualquier obra procedente de la Literatura del Holocausto. Pero con una narradora genial, sorprendente y tremendamente cercana, la Muerte.
Esta vez recomiendo la lectura de esta joyita sin ningún tipo de dudas; es para todos los públicos, incluídos aquellos que, como mi amiga Inma, tienen miedo a las historias crudas de la Segunda Guerra Mundial. Tiene lo justito de crudeza y yo sólo tuve que aguantarme las lágrimas en las últimas cincuenta páginas. Una delicia.

lunes, 2 de febrero de 2009

Premio Meme


Mi amiga estheriana Kira me ha concedido el premio Meme que además de las normas habituales como mencionar el blog de procedencia, agradecerlo, concederlo a algún blog más, en este caso el de mi amigo Chema, y comunicarlo; tiene una curiosa condición:

  • Confesar 7 cosas extrañas, raras o diferentes sobre ti y tu personalidad.
No es fácil, de hecho llevo todo el fin de semana dándole vueltas al asunto y he terminado descubriendo que soy muy normal, vamos, corrientita del todo. No he sido capaz de encontrarme nada más que las siguientes rarezas:

  • Soy extremadamente ordenada, no sólo con mis cosas sino también con las de mis visitantes. Tengo hasta cajones vacíos para que guarden sus móviles, llaves, etc.
  • Me gusta el café con leche templado y que se vaya enfriando. Normalmente un café en casa me dura tres horas y a veces me olvido de él.
  • Me encanta el invierno, el frío, la lluvia, la nieve. El verano me ataca los nervios, mejor dicho, el calor me destroza, incluso el de la calefacción. Siempre me sobra ropa. Soy la primera en quitarme los calcetines llegando la primavera y la última en ponérmelos ya bien avanzado el otoño.
  • Soy practicante y no creyente, probablemente la única del mundo.
  • Nunca enciendo la tele; la veo pero no se me ocurre nunca ponerla.
  • Leo todos los días del año. Si no lo hago, no duermo.

Si alguien me detecta alguna más, ahora o en el futuro, que por favor me lo haga saber porque no me he quedado yo muy conforme con esto de ser corriente y moliente.

Me gustaría ser más especial.

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