sábado, 29 de noviembre de 2008

Yo no tengo dudas

No tengo ni la más mínima duda sobre la existencia de los Reyes Magos. Tengo una certeza absoluta de dicha existencia porque los he visto. Sí. He visto a los de verdad, no a los de la tele que hasta los niños de tres años saben que son actores. Ni a los de las cabalgatas, que son vecinos del pueblo a los que reconocemos a pesar del maquillaje y las barbas. Yo he visto a los Reyes Magos.
Les había escrito la carta con poca ilusión y bastantes dudas. Había pedido el juego de moda para niñas que supongo anunciaban en la tele, puesto que no tengo conciencia de que tuviéramos otra forma de enterarnos de las novedades en el mundo del juguete. Ni siquiera sé porque lo quería, ya que las flores y las plantas nunca han llamado mi atención, pero lo quería con toda mi alma, así que la publicidad funcionó. Deseaba el Súper Flora de Airgam.
Sin embargo, estaba convencida de que mis posibilidades de que me lo trajeran eran escasas. Influían en esa incertidumbre mis padres con sus comentarios con respecto a la economía familiar o al precio de los juguetes. Y el Súper Flora me parecía un regalo tan magnífico que obligatoriamente tendría que ser muy caro.
Con respecto a mi comportamiento, no tenía dudas. Yo era una niña buena, digan lo que digan mis hermanos. Pero sabía que no nadábamos en la abundancia e imagino que algún alma caritativa habría intentado negarme ya la evidencia que estaba a punto de comprobar.
Era la noche de Reyes de 1974. Mi hermana de dos añitos, mi hermano de cinco y yo con seis estábamos ya dormidos cuando mis padres entraron en la habitación de madrugada a despertarnos diciendo: "Niños, levantaos, que han venido los Reyes Magos."
Saltamos de la cama, helados de frío y con algo de miedo, sobre todo la pequeña que se agarró de la pierna de mi madre y empezó a llorar. Yo me asomé con mucha vergüenza y sí, allí estaban. Melchor, Gaspar y Baltasar con sus coronas, capas y un gran saco de plástico azul, ocupando todo el espacio del pequeño salón.
Creo que no pude hablar, ni una sola palabra,ni articular un pequeño ruidito. Me quedé totalmente bloqueada dejándome llevar por mi padre que me iba diciéndo: "Dale un besito a Melchor, dale un besito a Gaspar, dale un besito a Baltasar." Y que sólo puede relajarme un poco, cuando el rey negro se negó a besarme y me alargó la mano donde lucía un precioso anillo con una piedra roja, grande como un huevo, para que se lo besara.
Y sacaron los regalos. El primero para mi hermana que seguía llorando muerta de miedo, un paraguas tan pequeñito que siempre lo hemos llamado el paraguas de la Nancy. Y después mi Súper Flora.

Me lo entregaron en mano. Porque había sido buena, había escrito la carta sin faltas y no importaba que mi familia no fuera rica.
Desde entonces me río siempre que alguien pone en duda algo que yo sé, que he visto, que he comprobado. Porque a pesar de desear el juego muchísimo, ese año los Reyes me trajeron algo mejor, algo que no era de piezas que se perdieron rápidamente. Me trajeron la ilusión.

El trastero

En esta habitación tan pequeñita están guardadas todas las cosas que no me sirven actualmente pero que no quiero tirar porque seguro que serán útiles alguna vez. Las mantengo ordenaditas para tenerlas a mano.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

La tortilla de mi vecina

Ha sido una dura decisión llamarla así, porque es mía, sólo mía, mi tortilla. Pero como nadie se lo cree en el cibermundo, pues me aguanto, pero que conste que no tengo sobornados a mis niños si os encontráis con ellos y os juran que la tortilla la he hecho yo... con mi olla milagrosa.


INGREDIENTES:
Patatas
Huevos
Ajo molido
Perejil picado
Aceite
Sal

ELABORACIÓN:
Partir las patatas en rodajas finas, no necesariamente transparentes. Poner un culito de aceite en la olla, añadir las patatas, salar, remover y cerrar la olla en menú Pescado.
Si termina el menú y las patatas están un poco duras aún, o si la olla pita antes de tiempo, remover y volver a poner en menú Arroz.
Batir los huevos junto con el ajo y el perejil.
Cuando estén tiernas las patatas, mezclarlas con el huevo y poner menú Arroz.
Cuando termine el menú, podéis dejarla reposar apagada unos minutos para que se termine de cuajar por arriba.
Sacar la cubeta con cuidado, poner encima un plato de mayor diámetro y con un guante o paño de cocina sujetar la cubeta por el culo y volcad de un golpe.

CURIOSIDADES:
Usad la misma cantidad de patatas y huevos que utilicéis habitualmente, pero infinitamente menos cantidad de aceite.
E insisto en que la tortilla es mía.
¡Que aproveche!

La milagrosa

Así bautizada por mi compadre, la olla GM se ha instalado en mi cocina, adueñándose de mis menús, mis listas de la compra y sobre todo, de mi forma de cocinar.
Ha conseguido plenamente que no me dé pereza levantarme a hacer la cena, ir al mercado o planear lo que vamos a comer la semana que viene.
Es fácil de manejar, de limpiar y de guardar.
Sale todo buenísimo según mi criterio, el del resto de mi familia y el de mis invitados.
Tiene gran capacidad y es rapidísima además de programable.
Y gracias a ella,tras más de diez años tomándola envasada, en mi casa se vuelve a comer tortilla de patatas.

Pollo chefo

Esta receta se puede hacer tanto con muslitos como con un pollo entero o hasta dos troceados. Además de lo sabroso y crujientito que queda el pollo en la chefo, contamos con la gran ventaja de las maravillosas bolsas de asar, gran descubrimiento de la cocina moderna, aunque mi padre en su visión más troglodita del mundo asegura que el plástico es cancerígeno. Estoy pensando que esta palabra no es la más adecuada para aparecer en mi primera receta, pero es lo que hay, cuando mi padre está seguro de algo no hay quien lo haga cambiar de opinión.
Así y todo, se lo comió.

INGREDIENTES:
Pollo
Aceite
Sal
Pimienta molida
Ajo molido
Romero
Tomillo
Laurel
Vino blanco

ELABORACIÓN:
Mezclar en un bol todos los ingredientes, menos el pollo ¡claro!, a éste hay que meterlo en la bolsa de asar y una vez allí le volcamos encima la mezcla anterior. Cerramos la bolsa y agitamos para que se mezclen bien el pollo y la salsa.
Dos horas en el programa 91

CURIOSIDADES:
Las cantidades de aceite y vino dependen de la cantidad de salsa que queramos que nos quede luego para mojar pan.
Podemos programar esta receta si el pollo está congelado, así se va impregnando de sabor al mismo tiempo que se descongela.
¡Que aproveche!

lunes, 24 de noviembre de 2008

Primer premio para Lorena

Lorena se levantó de la cama haciendo un gran esfuerzo y maldiciéndose a sí misma por haberse quedado la noche anterior hasta las tantas en el chat. Habían estado hasta casi la una de la madrugada muertas de risa, comentando que Mona se había hecho un cuello de piel de nutria para una chaqueta y dos docenas de croquetas con la carne en la thermomix. Recordando lo bien que se lo había pasado decidió que había merecido la pena y se retiró la maldición con una sonrisa.
Antonio ya estaba despierto, así que después de arreglarlo, le preparó el desayuno a toda prisa y se lo fue dando camino de la guardería. El niño iba tan feliz con su biberón ajeno al despiste de su madre, que todavía iba hablando entre dientes como si siguiera chateando con sus ciberamigas. Los transeúntes que se cruzaban con ellos se compadecían del pobre crío suponiéndolo al cargo de una perturbada que soltaba pequeñas carcajadas de vez en cuando.
Una vez en la oficina se olvidó de las croquetas de nutria porque le esperaba un ingente volumen de trabajo. Su jefe estaba enfermo y le tocaba a ella solucionar toda la agenda del día. Apenas pudo darse un respiro al final de la mañana que aprovechó para llamar a Jorge.
Su marido seguía viajando demasiado. Antes no era problema porque Antonio y ella lo acompañaban siempre. Pero desde que había decidido volver a trabajar los viajecitos en familia se habían reducido drásticamente.
Jorge estaba en Barcelona y le aseguró que volvería al día siguiente. Después de colgar, Lorena pensó que era mejor así porque le estaba empezando a doler otra vez la cabeza y después de tres días separados no le apetecía recibir a su marido con migraña.
Al salir del trabajo pasó por el súper a comprar algunas cosillas que le faltaban para hacer los deberes semanales del foro de cocina. Glenda había propuesto hacer croquetas de calamares y ella volvió a recordar la divertida conversación de la noche anterior.
Ya en casa, acostó a Antonio a dormir la siesta, se tomó una aspirina y en lugar de dar una cabezadita en el sofá, conectó el ordenador para echar un vistazo rápido al foro. Había seis páginas de mensajes sin leer. Decidió por enésima vez que iba a dejar de participar. Apagó el ordenador y se tumbó en el sofá.
Empezó a recapacitar en lo que se había convertido su vida. Estaba sola en una ciudad demasiado grande, con un niño muy pequeño que dependía en todo de ella. Sin familia. Con su hombre lejos. Le dolía menos la cabeza, pero le dolía.
Cualquier otra persona se habría deprimido al pensar en todo esto, pero Lorena se sentía bien. De hecho se sentía feliz.
Se consideraba una mujer fuerte y buena, capaz de trabajar, de sacar a su hijo adelante y de crear un hogar para su familia.
Encendió otra vez el ordenador, se conectó al foro y abrió un hilo para compartir su felicidad con sus amigas. A los diez minutos el foro se llenó de muñequitos lanzando besos y aplaudiendo. Coci puso un motocarro y Suzie a uno tirándose cuescos.
Lorena se dio cuenta de que ya no le dolía la cabeza.

Segundo premio para Clío

Este pequeño libro es simplemente una joya de la literatura de los sentidos. No es una novela al uso, sino más bien una mezcla de narración y recetas de cocina, que dan la sensación de irse elaborando con una combinación magistral de ingredientes.
Laura Esquivel ya nos mostró su pasión por la cocina en "Como Agua para Chocolate". Sin embargo, es a “Íntimas Suculencias” a la obra que añade el sugestivo subtítulo de "Tratado Filosófico de Cocina".
Recoge tanto relatos originales como artículos y conferencias que dio la autora y que están relacionados con la Cocina, para ella un arte y una creación en el que se han de mezclar los sentimientos. Para ella, cocinar es igual que escribir pues en ambas cosas creas y si no lo haces con amor no te sale bien. La prueba de ello la tenemos en su Tita de "Como Agua para Chocolate" y en cualquiera de los platos que preparamos cada día nosotras mismas.
El libro está ilustrado y se lee rápido pero no por ello es superficial sino todo lo contrario y la prueba la tienes en este fragmento que he extraído para ti:
“Nadie que ame la vida puede despreciar la literatura y nadie que ame la literatura puede despreciar la vida. Pero leer es también vivir. Vivir leyendo y leer la vida...El hombre nuevo es el que lee en la vida y que lee la vida, que lee la literatura y vive la literatura, el que vive la vida y la reencuentra en la literatura porque sus actos son de vida".
Y como estas palabras muchas más, todas llenas de sentimientos y de sentido que te hacen reflexionar. Que no te dejan indiferente. Espero que te guste como a mí.

Tercer premio para Anuska

"Chou", me dijo mi marido anoche haciéndose el inocente, "han estrenado una peli nueva de ése que te gusta a ti".
"¿A mí?, ¿quién?, ¿Daniel Craig?" Le respondí con una falsa expresión en la cara de no gustarme nada, añadiendo además "que no es que me guste a mí, es que le gusta a todas, y la que lo niegue es por no disgustar al que tiene al lado".
Mi marido sintiéndose más despreciado aún que el resto de sus congéneres empezó a hacer pucheros, así que para consolarlo añadí "y no tengo ninguna intención de ir a ver esa película, que el muy creído ha dicho que no vuelve a salir en bañador".
En vista de que seguía poniéndose triste decidí que lo mejor era decirle la verdad y le solté "no te preocupes cariño, que lo de Daniel es sólo físico, yo querer, querer, sólo te quiero a ti".

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Las primeras visitas

Las primera visitas están a punto de llegar, no me he podido resistir a la tentación de envíar las invitaciones.
No me ha dado tiempo de prepararlo todo: el costurero de la reina, el trastero y ¿el baño? se han quedado sin hacer, aunque probablemente en la primera visita no les de tiempo a fisgonearlo todo.
Algunas habitaciones están ya decoradas, la que más, la buhardilla con las antigüedades que me traje de la otra casa; también el salón ha quedado acogedor aunque debería colgar algún cuadro y lo que más me preocupa es la cocina porque me temo que mis primeros vistantes van a ser cocineras consumadas con ganas de fisgar entre mis pucheros.
Es posible que esta casa sea demasiado grande para mí, pero me he mudado aquí con tanta ilusión, con tantas ganas de dejarla bonita y de que todos se sientan en mi hogar como si estuvieran en la gloria que no me importan los esfuerzos que le estoy dedicando porque sé que el resultado me gustará a mí y a mis esperadas visitas.
Espero que la primera en llegar llame bien fuerte a la puerta que le he preparado un regalo de Navidad.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Mi Nancy

Hace aproximadamente un año y medio sentí la necesidad de recuperar parte de mi pasado, mi infancia. Tengo pocos y buenos recuerdos de ella, así que doy por sentado que fui bastante feliz. No tenía muchos juguetes pero sí, hermanos, amigos y sobre todo padres dispuestos a jugar conmigo por lo que no siento ningún vacío. Pero de repente me entraron unas ganas enormes de tener otra vez una Nancy y un Lucas.
Por supuesto recordaba el momento exacto en que le había pedido a mi hermana que se deshiciera de ellos porque sólo quería conservar a los Barriguitas. Supongo que fue un problema de espacio, de desinterés o de que el Lucas siempre me había caído mal y la Nancy tenía el pelo pintado de rosa. Así que me limité a indagar por la red sobre la muñeca más bonita que se ha fabricado en España.
Averigüé que Famosa había dejado de fabricarla hacía pocos años y que ahora vendían con el mismo nombre una monstruosidad con ojos de sapo y pestañas kilométricas. También comprobé que había muchas cuarentonas que habían recuperado sus viejas muñecas, arreglándolas, mejorándolas y dejándolas tan preciosas como cuando teníamos diez años. Entonces me acordé del pobre pelo rosa de la Nancy de mi hermana, irrecuperable.
Mi hermana es una persona sabia, sensata y desde luego la mejor para confiarle algo, no lo tira aunque se lo hayas pedido. Tenía guardadita a la muñeca junto a su novio de dudosa tendencia sexual y un montón de vestiditos, tanto caseros como originales. No sólo me lo dio todo sino que además encontró una Nancy abandonada y desnudita que me trajo con toda delicadeza.
No quiero convertirme en coleccionista, sólo quiero ponerlas bonitas y hacerles fotos para enseñároslas. Ahora están alojadas en mi habitación de invitados con mis Barriguitas de todas las razas, con una nueva, la Nancy 40 aniversario y con la preciosa Comunianta que me regalaron mis chicos por mi cumpleaños. Os iré contando todos los procesos de rejuvenecimiento, saneamiento y cambios étnicos que tengo previstos.

La habitación de invitados


Ya os lo había dicho, podéis venir a visitarme cuando queráis. Eso sí, avisadme con tiempo para que pueda desalojar a los huéspedes permanentes de esta habitación.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La chefito


Este año no nos han concedido la beca para libros de texto. Me imagino la razón. Los espías a sueldo de la Comunidad han debido averiguar lo que hice con el dinero. Sí, lo confieso, me compré la chef-o-matic.
Llevaba más de un año dándole vueltas a la posibilidad de comprarme una máquina para cocinar que cumpliera dos requisitos básicos: tenía que hacer pan y tenía que ser programable. Eso sin contar con que tenía que tener un precio razonable que no me hiciera pensar que me había gastado un dineral en un trasto inútil si no la utilizaba con suficiente frecuencia.
Sopesé muchas opciones teniendo en cuenta que no me gustaba cocinar, que odiaba la repostería y que la innovación en mi cocina se limitaba a comprar cada nuevo tipo de plato precocinado. A eso había que añadirle que mis chicos son buenos comedores que se adaptan a lo que les pongas y que trabajando fuera de casa apetece llegar y encontrarte la comida recién hecha.
Me hacía ilusión decirle a la máquina que me tuviera el pan calentito para cuando nos levantáramos por la mañana, así que en cuanto me ví con los 99 euros en la mano me dirigí como un autómata hacia la señorita dependienta y no la dejé ni explicarme el funcionamiento del aparato, me la llevé a toda prisa y antes de arrepentirme y comprarme un bolso de marca.
Y le metí caña.
Funcionaba y la primera semana me hice medio recetario, todo lo que se adaptaba a mi antigua forma de cocinar, o de comer. Descubrí el nuevo y delicioso sabor de la carne, del pollo asado, del pescado. Empecé a hacer bizcochos y a dárselos a probar a seres humanos que no eran miembros de mi familia. Hice pan y me sentí una mujer realizada a pesar de que ya he críado a dos hijos y estudiado una carrera universitaria.
Un día me di cuenta de que me apetecía cocinar y me asusté. No se lo dije a mi marido por si pensaba que me habían abducido los extraterrestres. Consulté a San Google, al que me encomiendo siempre que tengo una duda y él me llevó al maravilloso mundo de los foros y blogs de cocina.
Encontré recetas suculentas y recetarios surtidos. También encontré amigas. Pero lo que más miedo me dio fue que encontré otras máquinas con los mismos poderes que mi chefito, cocinar por tí, cambiarte la personalidad, volverte adicta a ellas y a los pucheros. Tentarte.
Pronto sucumbí a la tentación.
http://www.elcorteingles.es/hogar/producto/producto.asp?hddref=13324
Éste es el enlace si alguien está interesado en ella.

El asombroso viaje de Pomponio Flato

Algunos libros me gustan por su olor, otros por su tacto o su grosor. A veces porque me los recomienda alguien me encantan, pero otras me horrorizan antes de abrirlos. Y la mayoría me apasionan cuando llevo ya varios capítulos.
Sin embargo, es la primera vez que decido que me gusta un libro al leer la primera frase: "Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y diligente." Empezar una historia atragantándote con tu propia saliva debido a un ataque de risa, si no tiene graves consecuencias físicas, es una delicia.
La historia en sí, no tiene nada del otro mundo, pero la forma de escribir de Mendoza que te hace pensar que estás de verdad con un romano chalado y caradura, sumada a la genialidad de algunas frases como la primera, salpicadas aquí y allá, me ha hecho disfrutar de esta lectura.
Si queréis una sinopsis comercial del libro, podéis pasar por su web oficial.
Y si queréis comprobar si os atrapa desde el principio como a mí, aquí tenéis los dos primeros capítulos.

El autobús escolar

Llevar a los niños al cole tiene grandes ventajas y como todo en la vida grandes inconvenientes. En mi caso, además, influye el hecho de que el autobús escolar me da verdadero e inevitable pánico. Así que he hecho lo posible todos los años por llevarlos yo y también por turnarme con algún padre o madre más.
El problema surgió el curso pasado ya que tenía dos tardes ocupadas y no conseguí encontrar a nadie que me relevara. No me quedó más remedio que apuntarlos a la ruta. Ellos estaban encantados, era como una excursión cada día, escuchaban su música y les ponían las pelis que querían, aunque el trayecto no dura más de veinte minutos. Y lo mejor era la nueva fuente de información: los mayores.¡ La de cosas que se pueden aprender de los de sexto!
Como muestra, un botón:
Un par de meses después de utilizar el nuevo medio de transporte Ángel dijo en medio de la cena: “En la rotonda que hay antes del cole hay pilinguis”. Su padre y yo nos atragantamos, nos miramos, reprimimos el ataque de risa e intentando quitarle importancia al tema, le preguntamos qué eran las pilinguis. “Parecéis tontos, contestó Ángel, que eso lo sabe hasta Angelito (el supuesto informante), pilinguis son tías buenas en otro idioma”. “Pues hijo, le comenté, en inglés no es seguro” A lo que, con una seguridad pasmosa nos soltó: “Pues será en rumano”.
Menos mal que este año los vuelvo a llevar en coche.

La primera separación

Carlos se marchó ayer. Sólo por un par de días y a menos de tres horas, pero cada uno a su manera, lo echamos de menos.
Lo acompañé al autobús y justo antes de bajarnos del coche mientras me pintaba los labios, me dijo: "ahora no se te vaya a ocurrir darme un beso". Le contesté que podía estar tranquilo y que sólo le daría un abrazo, mientras intentaba secar el charco de sangre que mi corazón desgarrado dejaba en el suelo del aparcamiento del cole. ¡Se ha hecho mayor!
Por supuesto habíamos llegado con treinta minutos de adelanto, por si las moscas. El autobús llegó a la hora que se suponía que tenían que salir, pero eso no le importó en absoluto. Metió el bolso y el saco de dormir en el maletero de cualquier forma y tras el abrazo más ligero, forzado y rápido que me hubiera dado nunca se subió a toda prisa para pillar ventanilla. Eso sí, una vez conseguido el objetivo, se pasó quince minutos saludándome. Yo, por mi parte, le correspondía, le tiraba besos y le sonreía, hasta que me empezaron a doler el brazo y la cara y me puse a charlar con las otras madres sobre cuánto dinero llevaban, cuántas mudas y cuántos bocadillos, que son las cosas que verdaderamente nos importan a las madres. Cuando lo volví a mirar, él seguía allí saludándome. ¡Ay! ¡Todavía soy la única mujer de su vida! Estuvimos agitando el brazo hasta que no quedó ni la más mínima posibilidad de vernos en la lejanía.
Su padre sólo ha preguntado seis o siete veces si el niño ha llamado. Ya no sé cómo explicarle que no le hemos dicho que llame, que prefiero que no lo haga y que si pasa algo malo nos enteraremos seguro. Pero la preocupación de Segundo es que Carlos no llame si lo pasa mal. Es el sentimiento que todos los padres tenemos. Si tu hijo se rompe una pierna, se la va a curar el médico, pero el dolor del corazón sólo se lo puedes quitar tú. Él siente que su hijo está demasiado lejos para poder consolarlo si es necesario.
Pero si hay alguien que lo está pasando mal, que echa de menos a Carlos y que se acuerda de su hermano cada diez minutos, ese es Ángel.
Anoche salió con nosotros a cenar y a tomar una copa (probó el pacharán de Segundo), vió el Gran Prix en nuestra cama y durmió al lado, en un colchón en el suelo. Lo último que dijo antes de dormirse y lo primero que ha dicho esta mañana cuando me ha despertado ha sido: ¿Qué estará haciendo Carlos ahora?
Nos hemos dado cuenta de que es la primera vez en su vida que se separan. Han pasado semanas enteras si nosotros, con los abuelos, con los tíos. Incluso viajaron en el Ave solitos con cuatro y cinco años cuando Segundo y yo nos fuimos a Dinamarca. Sin embargo, ellos siempre han estado juntos desde el día que Ángel llegó a casa. Ese día Carlos dijo: "Ete e mirmano"

El cuarto de los niños


Todos necesitamos nuestro espacio. Mis tres chicos lo tienen aquí porque son lo que más me importa. Del mayor (41) no os contaré mucho, me lo guardo para mí sola. Los otros (10 y 11) me hacen vivir todos los días mil historias, y la mayoría de ellas me remueven por dentro. Me hacen gritar, reír y, pocas veces, llorar. Os las cuento.

El trauma

La casa de Dos Hermanas tenía más de ochenta años cuando nos mudamos a ella. Sus muros originales medían más de un metro de ancho, de pura argamasa, nada de ladrillos u hormigón. Cada vez que colgábamos un cuadro, recogíamos un par de kilos de tierra amarillenta. Pero en esas habitaciones era donde más a gusto se dormía, cálidas en invierno y fresquitas en verano.
Era en verano y a la hora de la siesta cuando los quinceañeros que éramos entonces mi hermano y yo nos poníamos pesados. Queríamos ir a la piscina y no dormir la dichosa siesta con los mayores y los niños.
Mi madre recurría a cualquier método para que no molestásemos al abuelo. Aquel día nos contó la leyenda de Felipito.
Pequeño heredero de aquel caserón de anchos muros, que desapareció misteriosamente el día antes de cumplir los doce, el día antes de hacerse cargo del patrimonio familiar, que a partir de aquel día tuvo que ser administrado por su tío, don Agustín.
Don Agustín no era querido por nadie y sí temido por sus ataques de cólera y sus tendencias depravadas. Los niños de la zona eran advertidos por sus madres, conocedoras de los malvados hábitos del ricachón.
El día de su muerte nadie lo lamentó y muchos fueron los que entraron en la gran casa sólo por el morbo de visitar la escena de sus fechorías en lugar de para velar su cuerpo. Tantos se reunieron, que los muros no lo soportaron y empezaron a agrietarse. Los vecinos se asustaron pero nadie salió de la habitación, todos sentían que su presencia era necesaria, que tenían que quedarse.
De una de las grietas empezó a salir arena, tierra amarillenta, un par de piedras. La grieta se abrió, se convirtió en abertura, en agujero de tamaño considerable. Trajeron candelas. Iluminaron el hueco y un grito de horror salió de todas las gargantas. Un pequeño esqueleto yacía sedente en la pequeña cueva. Era Felipito. Murió sentado, esperando que su tío se apiadara de él y lo sacara de su encierro.
Mi madre no se lo acaba de creer pero me traumatizó, sí, lo hizo. Ahora tengo cuarenta años y sé que lo que me contó es mentira, nunca pasó aunque todos lo creían, pero me dejó marcada. Cada dos o tres semanas me despertaba dando un grito, bañada en sudor, …con la boca seca. Ahora que tengo un hijo, es aún peor, me ocurre a diario. No puedo dejar de soñar en que lo encuentro emparedado.

El almendro

Hace años, mi mujer me pidió un almendro como regalo de cumpleaños. Le hacía ilusión verlo florecer en pleno invierno cuando todo en el jardín estaba triste.
El primer sábado por la mañana me fui al vivero. Allí, un chico muy amable me guío hasta el lugar donde se amontonaban los frutales y me mostró la etiqueta que colgaba de uno de ellos. Ponía “almendro” con letras mayúsculas.
Tres semanas después vinieron mis suegros. Mi mujer le comentó a su padre lo feliz que se sentía gracias al almendro. Él, extrañado, le dijo que el único árbol que había en el jardín era un granado. Ella me miró con desprecio y yo argumenté con razón que mi suegro no estaba muy bien de la cabeza.
En primavera, el almendro echó unas extrañas flores rojas. En el mes de julio nos dio unas almendras del tamaño de un membrillo. Cuando las abrías estaban llenas de granitos rojos que al masticarlos te dejaban un sabor agridulce en la boca. Mi suegro no tenía ni idea. Eran las mejores almendras que he comido en la vida.

Este microrrelato ha tenido el gran honor de ser publicado por la editorial Hipálage en el libro A Contrarreloj II. ¡Qué ilusión!

Éxodo

Cuando Abraham miraba la llave, algo dentro de él se removía, se agitaba, se revolvía. Su estómago se hacía notar pellizcándole, impidiéndole respirar con normalidad y obligándole a doblarse sobre si mismo, reprimiendo las arcadas.
Cuando Abraham miraba la llave, sus manos se unían, se retorcían, se humedecían con un sudor viejo, añejo, y los dedos le hormigueaban haciéndole sentir la necesidad de crujir los huesos, de morderse las uñas que no tenía.
Cuando Abraham miraba la llave, los ojos se le llenaban de lágrimas, la garganta le dolía por reprimir el llanto y la cabeza parecía que le iba a estallar.
Cuando Abraham miraba la llave, se le doblaban las rodillas, le ardían los pies, tenía escalofríos en los pulsos.
Cuando Abraham miraba la llave se le encogían los genitales.
Cuando Abraham miraba la llave, maldecía el extraño don que tenía. Abraham sentía lo mismo que habían sentido los anteriores dueños de cualquier objeto, antes de morir.
Evitaba visitar anticuarios o museos, viejas casa familiares o mercadillos. También evitaba las casas de empeño, las de segunda mano, los vertederos.
Hacía mucho tiempo que había decidido rodearse sólo de cosas nuevas, sin ninguna posibilidad de heredar viejas y seguramente dolorosas sensaciones.
Y se negó rotundamente a asistir al reparto de bienes del tío Jacobo, a pesar de que Raquel, su hermana pequeña, le aseguró que el viejo vividor siempre había disfrutado de todo y no tenía antigüedades.
Pero Raquel no contaba con la llave.
La llave que los benjamines de todas las familias de sefarditas guardaron con la esperanza de volver algún día a la casa que habían dejado atrás, en Castilla, hacía más de 500 años. Lo único que en el puerto de Valencia, les permitieron conservar antes de iniciar aquel terrible éxodo.

El disfraz

Aquello sí que fue una faena, una de las mayores faenas que me habían hecho en la vida. Se suponía que eran mis amigas, pero con quince años y viéndonos cada dos o tres semanas, sólo eran tus amigas si eran más altas, más monas, más delgadas o si tenían el pelo más largo. Además, yo nunca había dejado de ser la forastera, denominación que asignaban a las usurpadoras que sólo íbamos al pueblo algún fin de semana o en fiestas y que éramos irremediablemente sospechosas de querer quitarles a los chicos, a los mejores, los que estudiaban. Encima, yo iba al instituto, lo que quería decir que no era de fiar, dudaban de que mi objetivo fuera casarme y formar una familia, así que no me lo podían poner fácil. En resumen, que misteriosamente a todas se les había olvidado avisarme de que en carnavales nos íbamos a disfrazar de hadas y allí estaba yo en vaqueros y con un chaquetón dos tallas más grande de lo que necesitaba, mientras todas mis queridas amigas se enfundaban unos preciosos tules en tonos pastel, meneaban sus recientes tirabuzones y se rascaban el culo con las varitas mágicas. Y yo tragándome el cabreo porque a esas edades es preferible tener malas amigas que no tener ninguna. Y lo peor era aguantar el chaondeíto, que si vístete de fantasma que es muy fácil, que si yo tengo un traje de vaca y si quieres te lo presto, que si sin disfraz no te dejan entrar en la fiesta, que si cualquiera sabe de que se van a vestir los chicos…Me volví a casa de la abuela con el corazón destrozado por la rabia, pero cuando ella me vio entrar al borde de las lágrimas y se informó del problema, tuvo una idea genial. Sacó la máquina de coser y abrió el armario. A una de sus camisas negras le cosió dos pinzas en la espalda para que me quedara ajustadita y se me marcaran bien los pechos. Destrozó una falda negra para hacerme la minifalda más pecaminosa y con raja que se había visto por aquellas calles. Le pidió unos zapatos de tacón a Maruja, la vecina, mientras yo iba a la mercería a comprar unas medias de cristal negras y me ayudó a disfrazarme colocándome un trocito de su antiguo velo para ir a misa en el pelo. Por último, me pintó una raya en cada ojo y los labios del rojo más rojo que tenía. Cuando me miré al espejo, de la adolescente desgarbada y malhumorada no quedaba nada, era una viuda alegre y sexi, muy sexi. Al entrar en la fiesta la música se paró y todos, absolutamente todos, se volvieron a mirarme. Había miradas de todos los tipos, pero las que me llamaron la atención fueron las de deseo de ellos y las de incredulidad de ellas. Al año siguiente pregunté con tiempo de qué nos íbamos a disfrazar, no hubo acuerdo, unas querían ir de sirenas, otras de exhibicionistas y algunas de putas, así que quedamos en que cada una fuese a su aire. Yo me vestí de hada,… mis amigas iban las siete de viudas.

La ventana

-¡Por supuesto que tiene que tener vistas! ¿No pensarás que voy a malgastar mi dinero si no se ve el mar?
-El que le enseñé ayer a su secretario tenía vistas al mar...
-¡No, hijo, no! Vistas al mar no quiere decir salir a la terraza, doblar la cintura por encima de la barandilla, girar el cuello ciento ochenta grados hacia la izquierda y ver una fina línea azul en el horizonte. Lo que yo quiero es ver el mar desde el sofá blanco del salón...
-El piso del lunes tenía vistas al mar desde el salón...
-¡No me interrumpas! También quiero ver el reflejo de la luna en el agua desde la cama, todas las noches...
-Pero doña Irene, eso sólo ocurrirá si hay luna llena y además...
-¡Qué no me interrumpas! No habrá cortinas porque me encanta que la luz llegue a todos los rincones...
-Este apartamento le va a encantar porque...
- ... y es imprescindible que la ventana del comedor esté orientada al este. Me gusta desayunar al amanecer.
-Doña Irene, intenté explicarle esto mismo a su secretario. Usted quiere algo imposible. Ninguna vivienda cumple todos sus requisitos.
-Te recuerdo que no hay problema con el precio...
-Lo sé, señora. Pero sería mejor que requiriera los servicios de otra inmobiliaria...
-Me resulta increíble que nadie en esta zona sea capaz de encontrarme una vivienda con vistas.
-Doña Irene, insisto en que no es posible ver el mar desde el salón, desde el dormitorio, desde el comedor...
-¿Cómo que no?
-...y encima en cualquier posición, sentado, de pie, tumbado.
-¡Hombre! ¿Y pretendes que se vea doblado sobre la barandilla?
-No es eso, doña Irene. Sinceramente le recomiendo que busque otros profesionales del sector. Nosotros nos rendimos.
-¿Y una casa de cristal?
-Doña Irene, eso no existe.
-Ya veo que eres igual que el resto. Buenos días.
-Buenos días, siento mucho no haber podido...
Irene colgó el teléfono con todas sus fuerzas y toda la rabia que había acumulado desde que Félix, su secretario le había comunicado la posible renuncia del último agente inmobiliario de la zona. Acababa de perder su última esperanza de conseguir que alguien le buscara una vivienda con vistas.
-Mi ventana al mar se sigue resistiendo...
Con un gesto de asco desdobló el bastón, se levantó de su sillón favorito y agachándose acarició el lomo de Lázaro, su fiel perro guía.

martes, 11 de noviembre de 2008

La buhardilla

Aquí es donde escribo. Me siento en mi rincón, acompañada de mis libros, que me susurran nuevas historias. Suelen ser cortitas, unas tristes y otras alegres. Algunas dan miedo y otras dan risa. Como me gustan mis historias, me parece que van a tener mucho éxito y las presento a concursos. Los malos de los concursos no me dejan publicar mis bonitas historias de risa y de miedo, tristes y alegres. Algún día esta habitación estará repleta, cuando me dejen los malos. Algún día mi biblioteca me susurrará una historia larga y os la contaré cuando pueda.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¡Qué te quiero vida mía desde el día que llegaste junto a mí!

¡Qué te quiero vida mía desde el día que llegaste junto a mí!
Esto es lo que le dice mi padre a mi madre continuamente. El resto de la familia nos hemos apropiado la expresión, aunque en mi caso, ese día no ha dejado ninguna impresión. Por suerte o por desgracia no puedo dar detalles del momento, el lugar o las sensaciones que tuve cuando conocí a mi gran amor. No puedo contar nada sobre algo que ni yo ni nadie recuerda. Parece increíble que un momento decisivo en la vida de tantas personas no haya dejado huella, pero es cierto, nadie se acuerda. No lo recordamos los protagonistas, mi marido y yo, ni los secundarios, la pandilla del pueblo. Sólo tenemos una vaga sensación de que el mismo día en que conocí a Aquel otro, estaba acompañado de alguien más, al igual que el mismo día en que él conoció a Aquella otra, puede que yo estuviera con ella.

Nuestro recuerdo es una sombra.

Lo que sí ha quedado fijado en nuestras mentes es que siempre estuvimos ahí, el uno para el otro. Porque él y yo fuimos amigos antes de ser cualquier otra cosa, y hemos sido de todo. Fuimos paño de lágrimas y hombro acogedor cuando lo de Aquel otro y Aquella otra se acabó. Fuimos cómplices en la búsqueda de Otro más y Otra más. Y de Otro más y Otra más.
Y luego fuimos amantes, porque lo del otro y la otra era algo que no nos llenaba. Y dejamos de serlo, a pesar del deseo, porque los amigos no se tocan aunque se mueran por ello. Y queríamos ser amigos. Y lo éramos. Y porque lo éramos nos dejamos de ver durante tres años. Y no nos dejamos de recordar ni un solo día.
Tres años cuando tienes veinte y una gran vida social, no se pasan bailando como dice Alaska. Tienes novio y él tiene novia. Sabes que tu corazón es suyo porque tienes el de él. Pero crees que eso es amistad, de la buena, de la que dicen que no existe entre un hombre y una mujer. Yo estaba enamorada y me iba a casar en cuanto acabara la carrera. Él casi que antes. Tres años sin vernos, sin hablarnos, sin olernos, sin tocarnos,… demostrando al mundo que nos olvidábamos.
Tres lentos años y de repente, todo tan rápido. Me decido a presentarle a Último otro. Los veo a los dos juntos. No hay color. Tampoco lo hay para él. Cuando acabo de dejar a Último otro me llega la buena nueva de que él acaba de terminar con Última otra.

Nuestro recuerdo es una sombra. Pero nuestra realidad es una roca.


De eso hace dieciocho años. Dieciocho años viéndonos, hablándonos, oliéndonos y sí, tocándonos. No tenemos imagen mental de cuando empezó lo nuestro, pero tampoco tenemos visión del final. Yo sólo de pensarlo me quedo sin aire…muero.


¡Qué te quiero vida mía desde el día que llegaste junto a mí!
Primer premio de historias de amor del Día de los Enamorados en el foro de Esther: http://es.msnusers.com/Estherysumundo/wimpy.msnw?action=get_message&mview=0&ID_Message=23211&LastModified=4675660612158803775&all_topics=1

Ikea y yo

¡Hala! Voy a tener que ir mañana a IKEA. ¡Es qué no puede ser! Se ha roto el calzador.
¿A qué ésta es buena? Yo creo que de las mejores, sí, de las mejores excusas, y han sido muchas, que me he sacado de la manga para visitar mi tienda favorita.
Lo cierto es que no lo puedo evitar. Me gusta. Me gusta pensar que voy a ir. Me gusta estar allí. Me gusta llevar a alguien por primera vez, o por segunda vez, o por tercera vez, o las veces que haga falta. Me encanta tener que volver al día siguiente a devolver algo. Y me pongo hasta nerviosa con la emoción cuando se rompe cualquier cosa en casa, que todos sabemos que no es ni remotamente necesaria, porque sé que al día siguiente iré a IKEA.
Una de las razones más importantes para venirme de Málaga hace diez años fue que allí no había IKEA. Ahora ya puedo volver.
Una de las razones más importantes para ir antes a IKEA era que había unos cómodos espacios habilitados para sentarte y echar un cigarrito.
Una de las razones más importantes para dejar de fumar es que en IKEA ya no dejan.
Pero la razón más importante para adorar IKEA es que puedo compartir esta sensación con mis hermanas y mis amigas, sobre todo con María y con Ana. De hecho, mi hermana se lamenta de no haber ido nunca cuando vivía en Alemania, a pesar de estar muy cerca, porque los alemanes decían que IKEA significaba Idioten Kaufen Einfach Allen (los idiotas lo compran simplemente todo). Y digo yo que qué sabrán los alemanes. Ahora está encantada de que el guardia de seguridad de la puerta les dijera: “María, Ana, que mañana es domingo y no abrimos”. ¡Qué amable! Las conoció sólo por haber ido tres días seguidos, y eso que ellas no son tan famosas como la Infanta Elena.
Esto no quiere decir que estemos enganchadas. Porque si no vamos a IKEA podemos leer el catálogo.Pasarnos todo el mes de septiembre esperando el catálogo nuevo porque a la tienda no llega hasta octubre, es una experiencia parecida al mes antes de casarte. Aunque la verdad es que yo siempre acabo robándolo de una casa en la que parece que no vive nadie porque se lo dejan enganchado en la reja durante días o incluso durante horas. Cuando finalmente aparece en mi buzón es igual que si consiguiera dos viejos tebeos repetidos, babeo un poquito.
Me apunto las ofertas mensuales en la agenda porque yo no sé si igual en marzo voy a necesitar una cesta para que duerma un perro. No tengo perro pero la cesta es muy mona y a lo mejor puedo acostar en ella otra cosa. Por ejemplo la oferta de diciembre que es un Papá Noel muy bonito de mimbre y que sería una pena guardarlo hasta el año que viene.
Yo no soy de las que piensan que es una enfermedad saberse los nombres de los artículos en sueco o la página exacta del catálogo donde aparece algo en concreto. La mayoría de los hombres se saben el nombre de todos los jugadores de primera y no por eso van al psicólogo. Además que ya sabéis que a mí me gusta mucho leer. Y releer.
A mis hijos también les encanta. Ellos no compran, pero la oferta del menú infantil a un euro les parece estupenda, así que por seis euros comen los dos.
Y si me pongo a hablar de la publicidad de IKEA necesitaría un nuevo blog porque es sencillamente maravillosa. Os remito a youtube donde podréis ver un montón de anuncios estupendos, muchos de ellos no emitidos en España. Lamentablemente no he podido encontrar uno que pusieron el año pasado en telemadrid en el que un pequeñísimo vendedor de IKEA hablaba desde el cerebro del cliente. Igual lo tengo yo dentro si es que ya ha abandonado a Ana.
Para compensar aquí os dejo el enlace para el último y famosísimo “esto no se toca” que nos tiene a todos tarareando como en los mejores años de la moda de otoño del Corte Inglés. Está completo, o sea que dura dos minutos y no lo habéis visto en la tele:
http://es.youtube.com/watch?v=I06PQHaUgV8
Por supuesto es muchísimo mejor que ese otro donde una pareja de torpes intentaban ridiculizar el montaje de los muebles de IKEA. Si me monté yo sola los muebles del jardín con la pierna vendada después de la operación del menisco, es que cualquiera puede hacerlo.
Así que ya estáis todos avisados, si vais a IKEA os acompaño.

Mi cibermundo

Mi evolución en el cibermundo ha sido bastante variada y creo conveniente hacer un pequeño resumen de ella.
Empecé con los foros de antiguos alumnos del cole, del instituto o de la facultad y aún me quedan por probar los de los campamentos de verano en Sabinillas o los de los pen-friends, que era la forma que teníamos hace veinte o treinta años de chatear.
De ahí me pase a los foros de cuarentonas, pero hay mucho salido y mucha colgada que más que compartir recuerdos lo que quiere es solucionarse el fin de semana.
El siguiente paso fueron los foros de intereses comunes, los cómics, ¡ay no!, los tebeos, todos en general y Esther y su mundo en particular; mis Barriguitas, que todavía guardo en una vitrina con su cunita, su trona, su armarito y su andador; y ¡cómo no! las Nancys, de las que he conseguido dos este verano gracias a mi madre y a mi hermana.
De Esther y las muñecas me pasé a los blogs, a los de todos los conocidos y a los de muchos desconocidos y finalmente me decidí a inaugurar éste.
Ultimamente me he aficionado a los foros de comiditas, maquinitas y recetas, de donde he sacado la felicidad de mis chicos en las últimas semanas, puesto que está más que demostrado que la felicidad de los hombres siempre se encuentra cerca del ombligo (el estómago, el bolsillo, etc.)
Y para finalizar tengo que entrar a diario en los foros relacionados con el trabajo y con las oposiciones para estar al día de todo lo interesante y que es imprescindible saber.
De toda esta navegación saco muchas ventajas: amigos, risas, consejos, trucos, compañía... casi de todo menos tiempo.
¿Qué alguien me diga cómo me las arreglo para estudiar?


"Mi cibermundo" fue publicado en un periódico on-line chileno. Aquí os dejo el enlace:
http://www.regioncoquimbo.cl/diario/index.php?option=com_content&task=view&id=2942&Itemid=2

Las máquinas al poder

El lema de "las máquinas al poder" era detestado por los trabajadores durante la Revolución Industrial porque las veían como el origen del desempleo y la miseria. Su parte de razón tenían, lo que no les sirvió de mucho puesto que las máquinas triunfaron invadiendo todos los sectores de la vida del hombre y no sólo las fábricas.
La discusión sobre cuál es el mejor invento de la historia de la humanidad se podría alargar hasta el infinito y más allá dependiendo de los intereses de cada persona.
Basándome en las charlas con mis amigos y familiares podría decir que para los hombres los mejores inventos van desde el motor de explosión al portátil (coches y ordenadores ¡ya se sabe!) y para las mujeres, sin ninguna duda, lo mejor que pudieron inventar fue evitarnos ir a lavar al río; así que ganó la lavadora por goleada.
Por supuesto esto huele un poco a lucha de sexos ya que si la lavadora acabara de aparecer, también sería el invento preferido de los hombres, porque ahora sí hacen la colada. Aunque algún machista podría argumentar que si no tuviéramos el tiempo libre que nos da la lavadora, no nos liberaríamos para poner a nuestros chicos a lavar.
Las máquinas nos atraen y nos repelen por igual, o es que ¿ya no os acordáis de aquel/la amigo/a que odiaba los móviles hace siete u ocho años? y que por supuesto ahora tiene un última generación que te muereeeeees, con tropecientos píxeles y nosecuántos megas de yoquése.
A mí me gustan, podría acabar así y no estaría mal la charlita, pero es que es verdad, me gustan mucho. Me gustan tanto que me he resistido a tocar las consolas de mis hijos porque conozco su poder de atracción y mi debilidad. No quiero acabar en una clínica de rehabilitación debido a la ds de nintendo o a la psp.
Pero de lo que no he sido capaz de librarme es de la adicción a mi nueva máquina. Ahora cocino todos los días.
Mis chicos me quieren más.
El frutero, el carnicero y el pescadero me han hecho cliente honoraria de sus establecimientos.
Puedo escribir, leer y estudiar todos los días.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Las máquinas al poder!!!!!!!!!!!!!!!

El dormitorio

Si no leo no duermo.
Parece una buena cosa, una forma de leer todos los días, pero a veces es agotador. Aunque llegue a casa a las seis de la mañana después de haber pasado toda la noche bailando, si no leo no duermo.
Por eso, en la mesita de noche siempre hay un libro; un libro que me estoy leyendo y que acapara mi atención. Otro libro; otro libro que me estuve leyendo pero que no me acabo de atrapar entre sus páginas y que sólo leo cuando con el primero, el que me tiene totalmente enganchada tampoco consigo dormirme y necesito el descanso. Un cómic; sí ¿qué pasa?, me gustan, no todos, pero sí muchos.
Os hablaré de los libros que me gustan y también de los que no.

La cocina

Si hace un año me hubieran dicho que esta habitación iba a tener importancia para mí, lo habría negado rotundamente. Pero eso era hace un año. Ahora, en la cocina, se me quitan muchas de las cargas que me producen el resto de las habitaciones de esta casa. Se disuelven como la pastilla del lavavajillas. Las responsables de este aligeramiento emocional son mi chefito y mi GM, personajes que iréis conociendo y queriendo tan rápidamente como me ha pasado a mí. Ya os contaré sus respectivas historias y su forma de cambiar mi visión del mundo de los pucheros.

El salón

Aquí, cómodamente sentada a la mesa camilla, os contaré las cositas que me ocupen y me preocupen, las verdades y mentiras que se me ocurran, así como los sueños que me animen y las pesadillas que me aterroricen.
Por la mañana nos tomaremos una cervecita y por la tarde un café.
Por la noche, ya veremos.
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